Los problemas de convivencia escolar pueden ser muy difíciles de detectar ya que todos estos casos comparten la incapacidad de la víctima para pedir ayuda. Por ello, es imprescindible que el educador preste especial atención a la dinámica de los grupos.
El educador debe ser algo así como un espía cuando los alumnos creen no estar siendo supervisados. Por ejemplo, los acosadores pueden no actuar durante las horas se clase pero si en el recreo o a la salida del instituto.
Habría que dedicar cierto tiempo a observar sus conductas fuera del aula para observar cómo se desenvuelven en el entorno extraescolar.
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