domingo, 17 de mayo de 2020

Actividades de "Descartes"

ACTIVIDADES DE REFUERZO DE LO EXPLICADO

1. Lee el siguiente fragmento:

De todas las opiniones a las que había dado crédito en otro tiempo como verdaderas, no hay una sola de la que no pueda dudar ahora, y ello no por descuido o ligereza, sino en virtud de argumentos muy fuertes y maduramente meditados; de tal suerte que, en adelante, debo suspender mi juicio acerca de
dichos pensamientos, y no concederles más crédito del que daría a cosas manifiestamente falsas, si es que quiero hallar algo constante y seguro en las ciencias.


Descartes, Meditaciones metafísicas, meditación primera.


Diferencias entre la duda cartesiana y la epojé estoica.

2. ¿Por qué las hipótesis del Genio maligno y del sueño  no son capaces de establecer dudas sobre el yo?

3º ¿Descartes es racionalista? ¿o simplemente está aplicando la razón a objetos de la razón? Justifica tu respuesta.

4. ¿Por qué la existencia de Dios es clave para el sistema cartesiano?

5. Considera la moral provisional cartesiana y señala las influencias aristotélicas, estoicas y cristianas que encuentres. 

6. Relaciona racionalismo con idealismo. 

7. ¿Cuántas sustancias admite Descartes? ¿Por qué Dios sólo puede poseer una de ellas? Justifica tu respuesta. 

8. Diferencias entre la duda escéptica y la duda cartesiana.

9. Enumera y explica brevemente las reglas del método cartesiano.

10. ¿Qué opina Descartes de la educación matemática que recibió?

ACTIVIDADES PARA EL FOMENTO DE LA CREATIVIDAD

1º Escoge un fragmento o anécdota de Descartes y represéntalo mediante un cómic (tres viñetas mínimo).


Evaluación de la unidad "Descartes"

La evaluación se desglosa en:

20% de las actividades de refuerzo (10 cuestiones. Cada una vale 0,2p)
20% de la actividad para el fomento de la creatividad
60% de un control (comentario de texto de un  fragmento visto en clase).

ANEXO: modelo de examen

Había estudiado un poco, cuando era más joven, de las partes de la filosofía, la lógica, y de las matemáticas, el análisis de los geómetras y el álgebra, tres artes o ciencias que debían, al parecer, contribuir algo a mi propósito. Pero cuando las examiné, advertí con respecto a la lógica, que sus silogismos y la mayor parte de las demás instrucciones que da, más sirven para explicar a otros las cosas ya sabidas o incluso, como el arte de Lulio, para hablar sin juicio de las que se ignoran que para aprenderlas. Y si bien contiene, en efecto, muchos buenos y verdaderos preceptos, hay, sin embargo, mezclados con ellos, tantos otros nocivos o superfluos que separarlos es casi tan difícil como sacar una Diana o una Minerva de un mármol no trabajado. En lo tocante al análisis de los antiguos y al álgebra de los modernos, aparte de que no se refieren sino a muy abstractas materias que no parecen ser de ningún uso, el primero está siempre tan constreñido a considerar las figuras que no puede ejercitar el entendimiento sin fatigar en mucho la imaginación, y en la última hay que sujetarse tanto a ciertas reglas y cifras que se ha hecho de ella un arte confuso y oscuro, bueno para enredar el espíritu, en lugar de una ciencia que lo cultive. 

Esto fue causa de que pensase que era necesario buscar algún otro método que, reuniendo las ventajas de estos tres, estuviese libre de sus defectos. Y como la multitud de leyes sirve a menudo de disculpa a los vicios, siendo un Estado mucho mejor regido cuando hay pocas pero muy estrictamente observadas, así también, en lugar del gran número de preceptos que encierra la lógica, creí que me bastarían los cuatro siguientes, siempre que tomara la firme y constante resolución de no dejar de observarlos ni una sola vez. 

Consistía la primera en no admitir jamás como verdadera cosa alguna sin conocer con evidencia que lo era; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención y no comprender, en mis juicios, nada más que lo que se presentase a mi espíritu tan clara y distintamente que no tuviese motivo alguno para ponerlo en duda. 

En segundo lugar, dividir cada una de las dificultades que examinase en tantas partes como fuese posible y en cuantas requiriese su mejor solución. 

El tercero, en conducir ordenadamente mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más compuestos; y suponiendo un orden aun entre aquellos que no se preceden naturalmente unos a otros. 

Y el último, en hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan generales que estuviera seguro de no omitir nada. 

Esas largas cadenas de trabadas razones muy simples y fáciles, que los geómetras acostumbran a emplear para llegar a sus más difíciles demostraciones, me habían dado ocasión para imaginar que todas las cosas que entran en la esfera del conocimiento humano se encadenan de la misma manera; de suerte que, con sólo abstenerse de admitir como verdadera ninguna que no lo fuera y de guardar siempre el orden necesario para deducir las unas de las otras, no puede haber ninguna, por lejos que se halle situada o por oculta que esté, que no se llegue a alcanzar y descubrir. 

1º Subraya cinco términos clave (1 p).
2º Explica las ideas fundamentales del texto (3.5 p).
3º Relaciona las ideas de Descartes con otro pensador de los vistos en clase (1.5 p). 

Actividades de la unidad "los presocráticos"

ACTIVIDADES

1º ACTIVIDADES PARA EL REFUERZO Y EL CONTROL DE LO EXPLICADO

Tras la explicación de cada epígrafe los alumnos deberán responder las siguientes cuestiones:

1. Introducción.

1º ¿Qué es un mito?
2º ¿Qué es una explicación racional?
3º ¿Qué significa la expresión "el paso del mito al logos"?

2. Escuela de Mileto.

1º ¿Cómo llama Aristóteles a estos pensadores?¿Por qué?

2.1 Tales de Mileto.

1º Diferencias y similitudes entre la explicación de Homero y la explicación de Tales.
2º Según Aristóteles ¿Qué afirma Tales? ¿Cómo se justifica tal afirmación?
3º Indica los problemas ontológicos que origina la afirmación de Tales.

2.2 Anaximando.

1º Según Aristóteles ¿en qué se diferencia el discurso de Anaximandro del de Tales o Anaxímenes?
2º ¿Por qué Anaximandro postula como principio un elemento no-observable?

2.3 Anaxímenes.

1º ¿Qué principio material afirma Anaxímenes? ¿A qué movimientos (lo que nosotros llamaríamos fuerzas) está sometido ese elemento?
2º El principio material de Anaxímenes es indefinido y concreto ¿supone esto que su afirmación es una síntesis del pensamiento de Tales y Anaximandro?¿Por qué?

3. Pitagóricos

1º ¿Por qué, según Aristóteles, el principio pitagórico es más lejano (supone un mayor nivel de abstacción) que los principios postulados por los pensadores de Mileto?
2º Según Aristóteles ¿Cómo justifican su principio?

4. Escuela de Elea

1º ¿Qué dos modos de conocer hay en el ser humano? ¿Cuál es el que nos conduce a la Verdad? ¿Por qué?
2º ¿Por qué el pensamiento de Parménides puede ser considerado como Filosofía del Lenguaje en lugar de Ontología?
3º ¿Por qué Parménides no diferencia entre percibir y pensar?

5. Heráclito de Éfeso

1º ¿Qué principio afirma Heráclito? Pon un ejemplo
2º ¿Qué piensa Heráclito del conocimiento sensible?
3º Diferencias entre Heráclito y Anaximandro

6. Los pluralistas.

1º ¿En qué consiste el pluralismo? ¿Por qué pensador anterior están más influenciados?

6.1 Anaxágoras

1º¿Cuántos principios postula Anaxágoras? ¿Uno, dos o infinitos? ¿Por qué?
2º ¿Por qué afirma que "todo existe desde el principio de los tiempos?

6.2 Empédocles

1º¿Cuántos principios  y movimientos  postula Empédocles? Nómbralos
2º ¿Con qué divinidades representa esos elementos?
3º ¿Crees que la asignación es controvertida? ¿Por qué?

7. Leucipo y Demócrito

1º ¿Qué principio o principios afirman?
2º ¿Cuáles son las cualidades de los átomos?

2º ACTIVIDADES PARA EL DESARROLLO DEL PENSAMIENTO CREATIVO

1º Escoge un fragmento o anécdota de un pensador presocrático y represéntalo mediante un cómic (tres viñetas mínimo). Puede ser realizado a mano o por medios digitales. Te recomendamos que uses la página https://www.storyboardthat.com/  ya que resulta muy intuitiva. 

Evaluación de la unidad "los presocráticos"

La evaluación se desglosa en:

40.5% de las actividades de refuerzo (27 cuestiones. Cada una vale 0,15p)
19.5% de la actividad para el fomento de la creatividad
40% de un control (comentario de texto de un  fragmento visto en clase).

ANEXO: modelo de examen


La mayoría de los primeros filósofos consideró que los principios de todas las cosas eran sólo los que tienen aspecto material. En cuanto al número y la forma de tal principio, no todos dicen lo mismo, sino que Tales, el iniciador de este tipo de filosofía, afirma que es el agua, por lo que también declaró que la Tierra está sobre el agua .Concibió tal vez esta suposición por ver que el alimento de todas las cosas es húmedo y porque de lo húmedo nace el propio calor y por él vive. Y es que aquello de lo que nacen es el principio de todas las cosas. Por eso concibió tal suposición, además de porque las semillas de todas las cosas tienen naturaleza húmeda y el agua es el principio de la naturaleza para las cosas húmedas. Hay algunos que piensan que ya los más antiguos y muy alejados de la generación actual, aquellos que fueron los primeros en tratar de los dioses, tuvieron tal opinión acerca de la naturaleza. En efecto, consideran a Océano y Tetis padre de la generación divina [Homero, Ilíada 14.201] y tuvieron como testigo del juramento de los dioses al agua, la llamada Éstige por esos poetas.

1º Subraya cinco términos clave (0,5 p).
2º Explica las ideas fundamentales del texto (3.5 p).



EL PENSAMIENTO MODERNO: Descartes


EL PENSAMIENTO MODERNO: DESCARTES

1. Contexto histórico:
1.1.La edad moderna.
1.2. La filosofía moderna.
2. Texto EBAU: el discurso del método.
3. Descartes y la Metafísica: el cogito cartesiano.
3.1. La sustancia infinita.
3.2. La sustancia finita.
4. Descartes y la epistemología: la consolidación del disyuntivismo.

                1.La edad moderna

La aparición y el crecimiento de las ciudades da lugar a un nuevo modo de vida. Es en la cosmopolita ciudad moderna donde empieza a forjarse la concepción del ser humano como individuo. Antes de que aparecieran las ciudades, las personas vivían en comunidad y se encontraban relacionadas por vínculos que iban más allá de las leyes. Podemos señalar que la principal diferencia es que la vida comunal requiere del sacrificio de sus habitantes en favor del Bien común y depende en gran medida de la relación con los demás. Sin embargo, la vida en ciudad, cada vez exige un menor sacrificio por el bien común ya que, en estas ciudades, se empieza hacer del gobierno una profesión particular. El Bien común de este nuevo tipo de sociedad exige que nos desvinculemos de la política y la dejemos en manos de profesionales. El ciudadano, así, es un individuo libre que asume que el mejor aporte que puede hacer al Bien común pasa por producir riqueza individual.

                1.2. La Filosofía moderna

La aparición de las ciudades produce una concentración de los sabios que, a su vez, da paso a las universidades. Es en las universidades donde se comienza a gestar una revolución científica. Llamamos "Revolución científica" al periodo comprendido entre 1543 (año en el que Copérnico publica De revolutionibus orbium caelistium en el que cual se presenta un modelo heliocéntrico del sistema solar) y 1687 (año en el que Isaac Newton publica sus Principios matemáticos de Filosofía Natural).

La filosofía moderna supone una ruptura con la filosofía tradicional, puesto que la Nueva Física ha desacreditado la autoridad de los clásicos como Aristóteles, Hipócrates o Galeno. El ejemplo más claro del abandono del aristotelismo lo encontramos en la figura de Francis Bacon que frente al aristotelismo propone un Novum organum scientiarum (por oposición al Órganon aristotélico). En esta obra Bacon desarrolla un nuevo modelo de investigación científica conocido como el método inductivo. Este método parte de la observación para establecer leyes de carácter general. El método inductivo se divide en cuatro pasos:

1º Observación de un hecho.
2º Registro y clasificación del hecho observado.
3º Generalización de una ley a partir de un conjunto suficiente de hechos.
4º Verificación.

Dada la crisis del aristotelismo no es de extrañar la proliferación de métodos. El próximo método que veremos, el método cartesiano, es un nuevo modelo de investigación de la verdad conocido como la duda metodológica. Este método ya existe antes de que Descartes exprese sus reglas, los matemáticos no se han dado cuenta del método que emplean. El error de Descartes estriba en considerar que el análisis matemático puede valer para otra ciencia, pierde de vista las singularidades de cada ciencia.

                 2. Texto EBAU: el discurso del método.

DISCURSO DEL MÉTODO, PREFACIO
Si este discurso se encuentra demasiado extenso para ser leído de una vez, podrá dividirse en seis partes. En la primera, se encontrarán diversas consideraciones tocantes a las ciencias. En la segunda, las principales reglas del método que el autor ha investigado. En la tercera, algunas de las (reglas) de la moral que tomó de este método. En la cuarta, las razones por las cuales prueba la existencia de Dios y el alma humana, que son los fundamentos de su metafísica.
- El discurso se divide en seis partes, sin embargo, nosotros nos limitaremos a las cuatro primeras.



DISCURSO DEL MÉTODO, PRIMERA PARTE
El sentido común es la cosa mejor repartida del mundo: porque cada uno cree que está bien provisto de esto mismo, e incluso los que son más difíciles de satisfacer en cualquier otra cosa no tienen costumbre de desear más del que tienen. En cuanto a esto, no es verosímil que todos se equivoquen: pero más bien eso demuestra que el poder de juzgar bien y distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que nombra el sentido común o la razón, es naturalmente igual en todos los hombres,
- El sentido común: es una facultad (universal) que permite distinguir lo verdadero de lo falso.

- El método exige el uso de la razón y la razón es patrimonio de todos los hombres.
y así la diversidad de nuestras opiniones no proviene de que unas sean más razonables que las otras, sino solamente de que conducimos nuestros pensamientos por diversas vías, y no consideramos las mismas cosas.
- Dado que, desde que nacemos, estamos sometidos a prejuicios, nuestro sentido comun se pierde inevitablemente.
Parece que no es suficiente tener un espíritu bueno, sino que lo principal es aplicarlo bien. Las mas grandes almas son capaces de los mayores defectos así como de las mayores virtudes; y sólo los que van muy lentamente pueden avanzar mucho más que los que corren o se alejan, si siguen siempre el camino recto.
-El buen sentido, aplicado correctamente, puede conducir a la sabiduría.

-Sin embargo, nadie nos ha enseñado a hacer un uso correcto de esa facultad.
Mi propósito, no es el de enseñar aquí el método que cada cual debe seguir para dirigir bien su razón, sino sólo exponer de qué manera he tratado de conducir la mía. Los que se meten a dar preceptos deben estimarse más hábiles que aquellos a quienes se los dan y si yerran en la menor cosa merecen censura por ello. Pero como yo propongo este escrito tan sólo a modo de historia o, si se prefiere, de fábula, en la que entre algunos ejemplos que se pueden imitar quizá se hallen otros muchos que sería razonable no seguir, espero que será útil para algunos sin ser nocivo para nadie y que todos agradecerán mi franqueza.
- Diferencia entre método y procedimiento. Un procedimiento es un conjunto de reglas de modo personal. Un método es un conjunto de reglas de carácter universal.

-Descartes aspira a la universalidad por medio de la razón, por eso hablamos de método y no de procedimiento. El método exige del uso de la razón y la razón es una facultad universal.

- Descartes está haciendo gala de una falsa humildad.
...Gustaba, sobre todo, de las matemáticas por la certeza y evidencia de sus razones; pero aún no conocía su verdadero uso, y al pensar que sólo servían para las artes mecánicas, me extrañaba que, siendo sus cimientos tan firmes y sólidos, no se hubiese construido sobre ellos nada más elevado...
- Descartes está sorprendido de que a nadie se le hubiese ocurrido utilizar el método matemático como fundamento enla búsqueda de la verdad.
Nada diré de la filosofía sino que, al ver que ha sido cultivada por los más excelsos espíritus que han existido en los siglos pasados, y que, sin embargo, no hay en ella cosa alguna que no sea objeto de disputa y, por consiguiente, no sea dudosa, no tenía yo la presunción de esperar acertar mejor que los demás. Y considerando cuántas opiniones diversas puede haber referentes a un mismo asunto, todas sostenidas por gente docta, aun cuando no puede ser verdadera más que una sola, consideraba casi como falso todo lo que sólo fuera verosímil.

- Para Descartes, la Filosofía no es más que un conjunto de opiniones verosímiles y que, además, se contradicen entre sí.

- La Filosofía no ha alcanzado ninguna certeza. Sin embargo, Descartes está apelando a una (principio de no-contradicción) para justificar su argumento (aun cuando no puede ser verdadera más que una sola).
En cuanto a las demás ciencias, como toman sus principios de la filosofía, juzgaba yo que no se podía haber edificado nada sólido sobre cimientos tan poco firmes...

- Este párrafo ejemplifica la crisis del aristotelismo. El argumento es el que sigue: si el aristotelismo fundamentalmente erróneo y todas las ciencias toman sus principios de este, entonces, todas las ciencias son erróneas o, al menos, objeto de la duda.


DISCURSO DEL MÉTODO, SEGUNDA PARTE
Había estudiado un poco, cuando era más joven, de las partes de la filosofía, la lógica, y de las matemáticas, el análisis de los geómetras y el álgebra, tres artes o ciencias que debían, al parecer, contribuir algo a mi propósito.
- Descartes comienza recordando su formación filosófica. Estudió lógica y matemáticas (las matemáticas se dividian en análisis geométrico y álgebra.
Pero cuando las examiné, advertí con respecto a la lógica, que sus silogismos y la mayor parte de las demás instrucciones que da, más sirven para explicar a otros las cosas ya sabidas o incluso, como el arte de Lulio, para hablar sin juicio de las que se ignoran que para aprenderlas. Y si bien contiene, en efecto, muchos buenos y verdaderos preceptos, hay, sin embargo, mezclados con ellos, tantos otros nocivos o superfluos que separarlos es casi tan difícil como sacar una Diana o una Minerva de un mármol no trabajado. En lo tocante al análisis de los antiguos y al álgebra de los modernos, aparte de que no se refieren sino a muy abstractas materias que no parecen ser de ningún uso, el primero está siempre tan constreñido a considerar las figuras que no puede ejercitar el entendimiento sin fatigar en mucho la imaginación, y en la última hay que sujetarse tanto a ciertas reglas y cifras que se ha hecho de ella un arte confuso y oscuro, bueno para enredar el espíritu, en lugar de una ciencia que lo cultive.
- Respecto de la Lógica, Descartes afirma que contiene tantas ventajas como problemas. Es decir, si bien es cierto que ciertos principios son válidos, no es menos cierto que ciertos principios lógicos nos conducen, de manera inevitable, al error.

- Respecto del análisis geométrico, Descartes afirma que, dado su nivel de abstracción, exige un gran esfuerzo. Por ejemplo, pensar en la cuadratura del círculo puede resultar farragoso y agotador.

- Respecto del álgebra, Descartes afirma que requiere de demasiados conocimientos previos que complican las operaciones. Descartes, en su obra La Geometría, inició la práctica actual de usar las últimas letras del alfabeto para las incógnitas y las primeras para los parámetros.
Esto fue causa de que pensase que era necesario buscar algún otro método que, reuniendo las ventajas de estos tres, estuviese libre de sus defectos.
- El nuevo método que reúne las ventajas de los tres es la llamada geometría analítica.

Y como la multitud de leyes sirve a menudo de disculpa a los vicios, siendo un Estado mucho mejor regido cuando hay pocas pero muy estrictamente observadas, así también, en lugar del gran número de preceptos que encierra la lógica, creí que me bastarían los cuatro siguientes, siempre que tomara la firme y constante resolución de no dejar de observarlos ni una sola vez.
- Descartes establece una analogía entre la política y la lógica para persuadirnos de las ventajas de funcionar con pocos principios.

- El método original de Descartes estaba formado por 21 reglas que se encuentran en su obra inconclusa Reglas para la dirección del espíritu. Nueve años más tarde, cree poder reducir esas 21 reglas a cuatro.
Consistía la primera en no admitir jamás como verdadera cosa alguna sin conocer con evidencia que lo era; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención y no comprender, en mis juicios, nada más que lo que se presentase a mi espíritu tan clara y distintamente que no tuviese motivo alguno para ponerlo en duda.
- La primera regla es la llamada regla de la evidencia.

- Para Descartes la evidencia es la característica principal de toda idea verdadera. Y la evidencia, solo la obtenemos mediante la intuición, solo así podemos aducir evidencias. Ahora bien, en ese empeño de encontrar nada más que lo evidente se interponen dos obstáculos (la precipitación y la prevención)

-La precipitación consiste en juzgar las cosas sin tener una absoluta evidencia. Descartes se ciñe a la significación habitual del termino.

- La prevención es el error de aquellos hombres que aceptan las ideas que han adquirido durante la infancia y jamas las someten a un juicio racional.

- ¿Cómo enfrentarse a estas fuentes de error?

- Descartes sostiene ante la precipitación la suspensión del juicio y contra la prevención la duda. En este punto, Descartes coloca todo el peso sobre la duda. La duda es aquella herramienta que permite poner entre paréntesis, presentar como un interrogantes todas las ideas preconcebidas. La duda es la herramienta que ejerce un efecto disolvente sobre las opiniones. La duda obliga a la renuncia de toda opinión heredada.
En segundo lugar, dividir cada una de las dificultades que examinase en tantas partes como fuese posible y en cuantas requiriese su mejor solución.


- La segunda regla es la llamada regla del análisis.

- Consiste en la descomposición, en la división de las dificultades, en hacer que aquello que, en apariencia, conforma un todo complejo quede dividido en sus naturalezas simples.

El seguimiento de la regla del análisis nos conduce al conocimiento de esas naturalezas simples. Las principales características de estas naturalezas son la claridad y la distinción.

-Una idea es clara, según Descartes, cuando se presenta de manera inmediata a mi entendimiento. Mientras que, una idea es distinta cuando se presenta de un modo tal que no pueda confundirse con ninguna otra.
El tercero, en conducir ordenadamente mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más compuestos; y suponiendo un orden aun entre aquellos que no se preceden naturalmente unos a otros.

- La tercera regla es la llamada regla de la síntesis.

- Es un camino de reconstrucción de lo que ha sido dividido. El término síntesis hace referencia a ese proceso de recomposición.

- En la síntesis elegimos aquellas naturalezas simples reconocidas mediante la intuición para establecer relaciones entre ellas y, con ello, obtener proposiciones compuestas verdaderas.
Y el último, en hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan generales que estuviera seguro de no omitir nada.

- La cuarta regla es la llamada regla de la enumeración y la revisión.

- Es la regla que refrenda el método. Consiste en la revisión de todos los procesos realizados con anterioridad, es decir, en repasar exhaustivamente cada paso dado, garantizarse contra todo posible error.
Esas largas cadenas de trabadas razones muy simples y fáciles, que los geómetras acostumbran a emplear para llegar a sus más difíciles demostraciones, me habían dado ocasión para imaginar que todas las cosas que entran en la esfera del conocimiento humano se encadenan de la misma manera; de suerte que, con sólo abstenerse de admitir como verdadera ninguna que no lo fuera y de guardar siempre el orden necesario para deducir las unas de las otras, no puede haber ninguna, por lejos que se halle situada o por oculta que esté, que no se llegue a alcanzar y descubrir.
- Estas reglas ya estaban la matemática aunque de forma implícita. La matemática es una propedéutica que va a permitir, con renovada confianza, acceder al conocimiento de las verdades metafísicas.




DISCURSO DEL MÉTODO, TERCERA PARTE
Por último, como para empezar a reconstruir el alojamiento en donde uno habita, no basta haberlo derribado y haber hecho acopio de materiales y de arquitectos, o haberse ejercitado uno mismo en la arquitectura y haber trazado además cuidadosamente el diseño del nuevo edificio, sino que también hay que proveerse de alguna otra habitación, en donde pasar cómodamente el tiempo que dure el trabajo, así, pues, con el fin de no permanecer irresoluto en mis acciones, mientras la razón me obligaba a serlo en mis juicios, y no dejar de vivir, desde luego, con la mejor ventura que pudiese, hube de arreglarme una moral provisional, que no consistía sino en tres o cuatro máximas, que con mucho gusto voy a comunicaros.
-En la tercera parte, Descartes se centra en la vida, que es fundamentalmente práctica. La vida no admite dilaciones, tiene su tiempo, su finitud. Este hecho obliga al sujeto a tomar decisiones precipitadas. Sin embargo, en la ciudad convive con otras personas y, por tanto, necesita saber cómo debe convivir con ellos.

- Decide proveerse de una moral provisional hasta que conozca el mejor modo de convivencia, el cual, es el ultimo conocimiento.
La primera fue seguir las leyes y las costumbres de mi país, conservando constantemente la religión en que la gracia de Dios hizo que me instruyeran desde niño, rigiéndome en todo lo demás por las opiniones más moderadas y más apartadas de todo exceso, que fuesen comúnmente admitidas en la práctica por los más sensatos de aquellos con quienes tendría que vivir. Porque habiendo comenzado ya a no contar para nada con las mías propias, puesto que pensaba someterlas todas a un nuevo examen, estaba seguro de que no podía hacer nada mejor que seguir las de los más sensatos. Y aun cuando entre los persas y los chinos hay quizá hombres tan sensatos como entre nosotros, parecíame que lo más útil era acomodarme a aquellos con quienes tendría que vivir; y que para saber cuáles eran sus verdaderas opiniones, debía fijarme más bien en lo que hacían que en lo que decían, no sólo porque, dada la corrupción de nuestras costumbres, hay pocas personas que consientan en decir lo que creen, sino también porque muchas lo ignoran, pues el acto del pensamiento, por el cual uno cree una cosa, es diferente de aquel otro por el cual uno conoce que la cree, y por lo tanto muchas veces se encuentra aquél sin éste. Y entre varias opiniones, igualmente admitidas, elegía las más moderadas, no sólo porque son siempre las más cómodas para la práctica, y verosímilmente las mejores, ya que todo exceso suele ser malo, sino también para alejarme menos del verdadero camino, en caso de error, si, habiendo elegido uno de los extremos, fuese el otro el que debiera seguirse...
- La primera máxima es de tipo prudencial. Ser prudente o conservador, según Descartes, conlleva dos ventajas. Por un lado, ser conservador nos permite evitar el conflicto con los demás. Por otro, ser prudente nos mantiene más cerca de la verdad porque, en caso de error, estaremos más cerca de la verdad que si nos equivocamos radicalmente.
Mi segunda máxima fue la de ser en mis acciones lo más firme y resuelto que pudiera y seguir tan constante en las más dudosas opiniones, una vez determinado a ellas, como si fuesen segurísimas, imitando en esto a los caminantes que, extraviados por algún bosque, no deben andar errantes dando vueltas por una y otra parte, ni menos detenerse en un lugar, sino caminar siempre lo más derecho que puedan hacia un sitio fijo, sin cambiar de dirección por leves razones, aun cuando en un principio haya sido sólo el azar el que les haya determinado a elegir ese rumbo; pues de este modo, si no llegan precisamente adonde quieren ir, por lo menos acabarán por llegar a alguna parte, en donde es de pensar que estarán mejor que no en medio del bosque. Y así, puesto que muchas veces las acciones de la vida no admiten demora, es verdad muy cierta que si no está en nuestro poder el discernir las mejores opiniones, debemos seguir las más probables; y aunque no encontremos más probabilidad en unas que en otras, debemos, no obstante, decidirnos por algunas y considerarlas después, no ya como dudosas, en cuanto que se refieren a la práctica, sino como muy verdaderas y muy ciertas, porque la razón que nos ha determinado lo es. Y esto fue bastante para librarme desde entonces de todos los arrepentimientos y remordimientos que suelen agitar las consciencias de esos espíritus endebles y vacilantes, que se dejan ir inconstantes a practicar como buenas las cosas que luego juzgan malas.
- La segunda máxima es de tipo resolutivo. Esta máxima, nos sirve para negar la idea de un Descartes escéptico. Su duda es metodológica, es un modo de proceder en el teorizar. Sin embargo, la duda escéptica es un modo de vida.

- Para Descartes este último tipo de duda es el peor enemigo para la vida práctica. El virtuoso es aquel que, una vez que ha optado por una opinión, se mantiene firme y actúa como si fuese una certeza.

Mi tercera máxima fue procurar siempre vencerme a mí mismo antes que a la fortuna, y alterar mis deseos antes que el orden del mundo, y generalmente acostumbrarme a creer que nada hay que esté enteramente en nuestro poder sino nuestros propios pensamientos, de suerte que después de haber obrado lo mejor que hemos podido, en lo tocante a las cosas exteriores, todo lo que falla en el éxito es para nosotros absolutamente imposible. Y esto sólo me parecía bastante para apartarme en lo porvenir de desear algo sin conseguirlo y tenerme así contento; pues como nuestra voluntad no se determina naturalmente a desear sino las cosas que nuestro entendimiento le representa en cierto modo como posibles, es claro que si todos los bienes que están fuera de nosotros los consideramos como igualmente inasequibles a nuestro poder, no sentiremos pena alguna por carecer de los que parecen debidos a nuestro nacimiento, cuando nos veamos privados de ellos sin culpa nuestra, como no la sentimos por no ser dueños de los reinos de la China o de Méjico; y haciendo, como suele decirse, de necesidad virtud, no sentiremos mayores deseos de estar sanos, estando enfermos, o de estar libres, estando encarcelados, que ahora sentimos de poseer cuerpos compuestos de materia tan poco corruptible como el diamante o alas para volar como los pájaros. Pero confieso que son precisos largos ejercicios y reiteradas meditaciones para acostumbrarse a mirar todas las cosas por ese ángulo; y creo que en esto consistía principalmente el secreto de aquellos filósofos, que pudieron antaño sustraerse al imperio de la fortuna, y a pesar de los sufrimientos y la pobreza, entrar en competencia de ventura con los propios dioses. Pues, ocupados sin descanso en considerar los límites prescritos por la naturaleza, persuadíanse tan perfectamente de que nada tenían en su poder sino sus propios pensamientos, que esto sólo era bastante a impedirles sentir afecto hacia otras cosas; y disponían de esos pensamientos tan absolutamente, que tenían en esto cierta razón de estimarse más ricos y poderosos y más libres y bienaventurados que ningunos otros hombres, los cuales, no teniendo esta filosofía, no pueden, por mucho que les hayan favorecido la naturaleza y la fortuna, disponer nunca, como aquellos filósofos, de todo cuanto quieren.
- La tercera máxima nos indica cómo ser felices.

- Para Descartes debemos estar satisfechos con lo que tenemos ya que la fortuna no es algo que dependa de nosotros por ser algo externo. Sin embargo, si podemos volver hacia nuestro interior y ser dueños de nuestros pensamientos al someter nuestra voluntad a nuestro entendimiento.

- En esta máxima observamos una fuerte influencia del estoicismo bajo la teoría de la aceptación. Recordemos que la filosofía estoica enseñaba, principalmente, que sólo eramos dueños de nuestras representaciones mentales (fantasías).


DISCURSO DEL MÉTODO, CUARTA PARTE
No sé si debo hablaros de las primeras meditaciones que hice allí, pues son tan metafísicas y tan fuera de lo común, que quizá no gusten a todo el mundo. Sin embargo, para que se pueda apreciar si los fundamentos que he tomado son bastante firmes, me veo en cierta manera obligado a decir algo de esas reflexiones.
Tiempo ha que había advertido que, en lo tocante a las costumbres, es a veces necesario seguir opiniones que sabemos muy inciertas, como si fueran indudables, y esto se ha dicho ya en la parte anterior; pero, deseando yo en esta ocasión ocuparme tan sólo de indagar la verdad, pensé que debía hacer lo contrario y rechazar como absolutamente falso todo aquello en que pudiera imaginar la menor duda, con el fin de ver si, después de hecho esto, no quedaría en mi creencia algo que fuera enteramente indudable.
- La duda es el punto de partida del pensamiento cartesiano. Hemos de remarcar que se trata de una duda deliberada. De nuevo, podemos observar que no se trata de la duda del escéptico el cual se congratula de dudar, sino de una duda que pretende llegar a esa primera certeza.


Así, puesto que los sentidos nos engañan, a las veces, quise suponer que no hay cosa alguna que sea tal y como ellos nos la presentan en la imaginación; y puesto que hay hombres que yerran al razonar, aun acerca de los más simples asuntos de geometría, y cometen paralogismos, juzgué que yo estaba tan expuesto al error como otro cualquiera, y rechacé como falsas todas las razones que anteriormente había tenido por demostrativas; y, en fin, considerando que todos los pensamientos que nos vienen estando despiertos pueden también ocurrírsenos durante el sueño, sin que ninguno entonces sea verdadero, resolví fingir que todas las cosas, que hasta entonces habían entrado en mi espíritu, no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños.



- El primer motivo de duda son los sentidos. La hipótesis de Descartes, conocida como hipótesis del sueño, nos dice que: el mundo podría ser muy diferente de cómo creo que es. El argumento es el que sigue:

(1) Mis experiencias sensoriales son compatibles con que esté soñando.
(2) Por tanto, me es imposible determinar si estoy o no soñando.
(3) De manera que no puedo saber si estoy soñando o no.
(4) A no ser que sepa que no estoy soñando, no puedo saber que estoy sentado en mi mesa escribiendo estas ideas.
(5) Pero si ni siquiera sé que estoy sentado en mi mesa escribiendo estas ideas, no sé nada sobre el mundo.
(6)Por tanto, por (1)-(5), no sé nada sobre el mundo.
Pero advertí luego que, queriendo yo pensar, de esa suerte, que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa; y observando que esta verdad: «yo pienso, luego soy», era tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no son capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que andaba buscando.
- Por medio del uso de la duda, Descartes llega a una verdad indubitable: yo pienso, luego, soy una cosa cuya esencia consiste en pensar.

- A pesar de que nada sea cierto y exista la posibilidad de que continuamente seamos engañados, seguimos, teniendo representaciones mentales (ya sean verdaderas o falsas).
Examiné después atentamente lo que yo era, y viendo que podía fingir que no tenía cuerpo alguno y que no había mundo ni lugar alguno en el que yo me encontrase, pero que no podía fingir por ello que yo no fuese, sino al contrario, por lo mismo que pensaba en dudar de la verdad de las otras cosas, se seguía muy cierta y evidentemente que yo era, mientras que, con sólo dejar de pensar, aunque todo lo demás que había imaginado fuese verdad, no tenía ya razón alguna para creer que yo era, conocí por ello que yo era una sustancia cuya esencia y naturaleza toda es pensar, y que no necesita, para ser, de lugar alguno, ni depende de cosa alguna material; de suerte que este yo, es decir, el alma, por la cual yo soy lo que soy, es enteramente distinta del cuerpo y hasta más fácil de conocer que éste y, aunque el cuerpo no fuese, el alma no dejaría de ser cuanto es.
- Para Descartes el cuerpo es algo no esencial, es decir, puedo dudar de la existencia de un cuerpo físico que funciona como recipiente de un alma.

- No podemos dudar de nuestro alma (res cogitans), la cual, es más fácil de conocer que el propio cuerpo.
Después de esto, consideré, en general, lo que se requiere en una proposición para que sea verdadera y cierta; pues ya que acababa de hallar una que sabía que lo era, pensé que debía saber también en qué consiste esa certeza. Y habiendo notado que en la proposición: «yo pienso, luego soy», no hay nada que me asegure que digo verdad, sino que veo muy claramente que para pensar es preciso ser, juzgué que podía admitir esta regla general: que las cosas que concebimos muy clara y distintamente son todas verdaderas; pero que sólo hay alguna dificultad en notar cuáles son las que concebimos distintamente.
- Descartes nos ofrece su criterio de verdad: una cosa es verdadera si y sólo si esa cosa es percibida de un modo claro y distinto.

- Este paso no es muy significativo ya que únicamente transfiere las dificultades para determinar si algo es verdadero a si algo es distinto.
Después de lo cual, hube de reflexionar que, puesto que yo dudaba, no era mi ser enteramente perfecto, pues veía claramente que hay más perfección en conocer que en dudar; y se me ocurrió entonces indagar por dónde había yo aprendido a pensar en algo más perfecto que yo; y conocí evidentemente que debía de ser por alguna naturaleza que fuese efectivamente más perfecta. En lo que se refiere a los pensamientos, que en mí estaban, de varias cosas exteriores a mí, como son el cielo, la tierra, la luz, el calor y otros muchos, no me preocupaba mucho el saber de dónde procedían, porque, no viendo en esas cosas nada que me pareciese hacerlas superiores a mí, podía creer que, si eran verdaderas, eran unas dependencias de mi naturaleza, en cuanto que ésta posee alguna perfección, y si no lo eran, procedían de la nada, es decir, estaban en mí, porque hay en mí algún defecto. Pero no podía suceder otro tanto con la idea de un ser más perfecto que mi ser; pues era cosa manifiestamente imposible que la tal idea procediese de la nada; y como no hay menor repugnancia en pensar que lo más perfecto sea consecuencia y dependencia de lo menos perfecto, que en pensar que de nada provenga algo, no podía tampoco proceder de mí mismo; de suerte que sólo quedaba que hubiese sido puesta en mí por una naturaleza verdaderamente más perfecta que yo soy, y poseedora inclusive de todas las perfecciones de que yo pudiera tener idea; esto es, para explicarlo en una palabra, por Dios. A esto añadí que, supuesto que yo conocía algunas perfecciones que me faltaban, no era yo el único ser que existiese (aquí, si lo permitís, haré uso libremente de los términos de la escuela), sino que era absolutamente necesario que hubiese algún otro ser más perfecto de quien yo dependiese y de quien hubiese adquirido todo cuanto yo poseía; pues si yo fuera solo e independiente de cualquier otro ser, de tal suerte que de mí mismo procediese lo poco en que participaba del ser perfecto, hubiera podido tener por mí mismo también, por idéntica razón, todo lo demás que yo sabía faltarme, y ser, por lo tanto, yo infinito, eterno, inmutable, omnisciente, omnipotente, y, en fin, poseer todas las perfecciones que podía advertir en Dios. Pues, en virtud de los razonamientos que acabo de hacer, para conocer la naturaleza de Dios hasta donde la mía es capaz de conocerla, bastábame considerar todas las cosas de que hallara en mí mismo alguna idea y ver si era o no perfección el poseerlas; y estaba seguro de que ninguna de las que indicaban alguna imperfección está en Dios, pero todas las demás sí están en él; así veía que la duda, la inconstancia, la tristeza y otras cosas semejantes no pueden estar en Dios, puesto que mucho me holgara yo de verme libre de ellas. Además, tenía yo ideas de varias cosas sensibles y corporales; pues aun suponiendo que soñaba y que todo cuanto veía e imaginaba era falso, no podía negar, sin embargo, que esas ideas estuvieran verdaderamente en mi pensamiento. Mas habiendo ya conocido en mí muy claramente que la naturaleza inteligente es distinta de la corporal, y considerando que toda composición denota dependencia, y que la dependencia es manifiestamente un defecto, juzgaba por ello que no podía ser una perfección en Dios el componerse de esas dos naturalezas, y que, por consiguiente, Dios no era compuesto; en cambio, si en el mundo había cuerpos, o bien algunas inteligencias u otras naturalezas que no fuesen del todo perfectas, su ser debía depender del poder divino, hasta el punto de no poder subsistir sin él un solo instante.
- Descartes va a ofrecer dos definiciones de sustancia.

(a) Rigurosa: es sustancia todo aquello que no necesita más que ella para subsistir. Solo Dios es enteramente independiente.

(b) Laxa: aquello que existe por si mismo pero necesitando del concurso de Dios.

Dos motivos para establecer esta distinción:

(a) No concibe que lo más perfecto pueda ser obra de lo menos perfecto. Pues estaríamos contradiciendo las sagradas escrituras.

(b) No concibe que de nada surja algo (creación ex nihilio). Pues estaríamos negando el principio propuesto por Parménides sobre el ser y el cambio.

- Podemos conocer, en parte, la naturaleza divina ¿Cómo? Observando si nuestras facultades, en grado superlativo, son dignas de ser poseídas por Dios.

- Para Descartes, Dios no puede tener cuerpo pues el tener cuerpo haría de Dios un compuesto y, por tanto, seria dependiente y defectuoso. Dios es pura res cogitans.

- Sin embargo, observamos como el mundo es un compuesto y, precisamente, por ser compuesto su existencia depende de Dios.
Quise indagar luego otras verdades; y habiéndome propuesto el objeto de los geómetras, que concebía yo como un cuerpo continuo o un espacio infinitamente extenso en longitud, anchura y altura o profundidad, divisible en varias partes que pueden tener varias figuras y magnitudes y ser movidas o trasladadas en todos los sentidos, pues los geómetras suponen todo eso en su objeto, repasé algunas de sus más simples demostraciones, y habiendo advertido que esa gran certeza que todo el mundo atribuye a estas demostraciones, se funda tan sólo en que se conciben con evidencia, según la regla antes dicha, advertí también que no había nada en ellas que me asegurase de la existencia de su objeto; pues, por ejemplo, yo veía bien que, si suponemos un triángulo, es necesario que los tres ángulos sean iguales a dos rectos; pero nada veía que me asegurase que en el mundo hay triángulo alguno; en cambio, si volvía a examinar la idea que yo tenía de un ser perfecto, encontraba que la existencia está comprendida en ella del mismo modo que en la idea de un triángulo está comprendido el que sus tres ángulos sean iguales a dos rectos o, en la de una esfera, el que todas sus partes sean igualmente distantes del centro, y hasta con más evidencia aún; y que, por consiguiente, tan cierto es por lo menos, que Dios, que es ese ser perfecto, es o existe, como lo pueda ser una demostración de geometría.

- El conocimiento de Dios no requiere de la experiencia. La existencia de Dios está garantizada por esa relación de dependencia de los humanos respecto a el.

- Descartes empieza a vislumbrar una diferencia entre proposiciones analíticas y sintéticas. La existencia de Dios puede ser demostrada de un modo analítico y, por eso, es mucho más evidente que la existencia de objetos sensibles.

- Si suponemos un triángulo, podemos dudar de que, en realidad, ese triángulo exista, sin embargo, si suponemos un triángulo no podemos dudar de que la suma de sus ángulos es igual a la suma de dos ángulos rectos.
Pero si hay algunos que están persuadidos de que es difícil conocer lo que sea Dios, y aun lo que sea el alma, es porque no levantan nunca su espíritu por encima de las cosas sensibles y están tan acostumbrados a considerarlo todo con la imaginación - que es un modo de pensar particular para las cosas materiales -, que lo que no es imaginable les parece ininteligible. Lo cual está bastante manifiesto en la máxima que los mismos filósofos admiten como verdadera en las escuelas, y que dice que nada hay en el entendimiento que no haya estado antes en el sentido, en donde, sin embargo, es cierto que nunca han estado las ideas de Dios y del alma; y me parece que los que quieren hacer uso de su imaginación para comprender esas ideas, son como los que para oír los sonidos u oler los olores quisieran emplear los ojos; y aun hay esta diferencia entre aquéllos y éstos: que el sentido de la vista no nos asegura menos de la verdad de sus objetos que el olfato y el oído de los suyos, mientras que ni la imaginación ni los sentidos pueden asegurarnos nunca cosa alguna, como no intervenga el entendimiento.
- El conocimiento de Dios y del alma resulta difícil porque nos hemos acostumbrado a pensar únicamente en la cosas sensibles.

Tanto Dios como el alma no pueden ser conocidos a través de la observación del mundo sensible, sino, que debemos realizar un proceso introspectivo.
En fin, si aun hay hombres a quienes las razones que he presentado no han convencido bastante de la existencia de Dios y del alma, quiero que sepan que todas las demás cosas que acaso crean más seguras, como son que tienen un cuerpo, que hay astros, y una tierra, y otras semejantes, son, sin embargo, menos ciertas; pues, si bien tenemos una seguridad moral de esas cosas, tan grande que parece que, a menos de ser un extravagante, no puede nadie ponerlas en duda, sin embargo, cuando se trata de una certidumbre metafísica, no se puede negar, a no ser perdiendo la razón, que no sea bastante motivo, para no estar totalmente seguro, el haber notado que podemos de la misma manera imaginar en sueños que tenemos otro cuerpo y que vemos otros astros y otra tierra, sin que ello sea así. Pues ¿cómo sabremos que los pensamientos que se nos ocurren durante el sueño son falsos, y que no lo son los que tenemos despiertos, si muchas veces sucede que aquéllos no son menos vivos y expresos que éstos? Y por mucho que estudien los mejores ingenios, no creo que puedan dar ninguna razón bastante a levantar esa duda, como no presupongan la existencia de Dios. Pues, en primer lugar, esa misma regla que antes he tomado, a saber: que las cosas que concebimos muy clara y distintamente son todas verdaderas; esa misma regla recibe su certeza sólo de que Dios es o existe, y de que es un ser perfecto, y de que todo lo que está en nosotros proviene de él; de donde se sigue que, siendo nuestras ideas o nociones, cuando son claras y distintas, cosas reales y procedentes de Dios, no pueden por menos de ser también, en ese respecto, verdaderas. De suerte que si tenemos con bastante frecuencia ideas que encierran falsedad, es porque hay en ellas algo confuso y oscuro, y en este respecto participan de la nada; es decir, que si están así confusas en nosotros, es porque no somos totalmente perfectos. Y es evidente que no hay menos repugnancia en admitir que la falsedad o imperfección proceda como tal de Dios mismo, que en admitir que la verdad o la perfección procede de la nada. Mas si no supiéramos que todo cuanto en nosotros es real y verdadero proviene de un ser perfecto e infinito, entonces, por claras y distintas que nuestras ideas fuesen, no habría razón alguna que nos asegurase que tienen la perfección de ser verdaderas.
- Descartes ofrece otro argumento para demostrar que Dios y el alma son ideas más accesibles.

- Nuestro conocimiento sensible no puede ofrecer la certeza que ofrece una proposición analítica y concebimos de un modo analítico la existencia de Dios y del alma.

- Se trata de otra formulación del argumento cartesiano del sueño:

(1)Si sé que estoy sentado en mi mesa escribiendo estas ideas. es verdadera, entonces sé que la Hipótesis del sueño es falsa.

(2) No sé que la Hipótesis del sueño es falsa.


(3) No sé que estoy sentado en mi mesa escribiendo estas ideas. es verdadera.

(4) Debo suspender el juicio con respecto a si estoy sentado en mi mesa escribiendo estas ideas.
Así, pues, habiéndonos el conocimiento de Dios y del alma testimoniado la certeza de esa regla, resulta bien fácil conocer que los ensueños, que imaginamos dormidos, no deben, en manera alguna, hacernos dudar de la verdad de los pensamientos que tenemos despiertos. Pues si ocurriese que en sueño tuviera una persona una idea muy clara y distinta, como por ejemplo, que inventase un geómetra una demostración nueva, no sería ello motivo para impedirle ser verdadera; y en cuanto al error más corriente en muchos sueños, que consiste en representarnos varios objetos del mismo modo como nos los representan los sentidos exteriores, no debe importarnos que nos dé ocasión de desconfiar de la verdad de esas tales ideas, porque también pueden los sentidos engañarnos con frecuencia durante la vigilia, como los que tienen ictericia lo ven todo amarillo, o como los astros y otros cuerpos muy lejanos nos parecen mucho más pequeños de lo que son. Pues, en último término, despiertos o dormidos, no debemos dejarnos persuadir nunca sino por la evidencia de la razón. Y nótese bien que digo de la razón, no de la imaginación ni de los sentidos; como asimismo, porque veamos el sol muy claramente, no debemos por ello juzgar que sea del tamaño que le vemos; y muy bien podemos imaginar distintamente una cabeza de león pegada al cuerpo de una cabra, sin que por eso haya que concluir que en el mundo existe la quimera, pues la razón no nos dice que lo que así vemos o imaginamos sea verdadero; pero nos dice que todas nuestras ideas o nociones deben tener algún fundamento de verdad; pues no fuera posible que Dios, que es todo perfecto y verdadero, las pusiera sin eso en nosotros; y puesto que nuestros razonamientos nunca son tan evidentes y tan enteros cuando soñamos que cuando estamos despiertos, si bien a veces nuestras imaginaciones son tan vivas y expresivas y hasta más en el sueño que en la vigilia, por eso nos dice la razón, que, no pudiendo ser verdaderos todos nuestros pensamientos, porque no somos totalmente perfectos, deberá infaliblemente hallarse la verdad más bien en los que pensemos estando despiertos, que en los que tengamos estando dormidos.
- La facultad que nos conduce a la verdad es la razón, no la imaginación ni los sentidos. Estar dormidos o despiertos no es relevante para la investigación de la verdad ya que puedo soñar una nueva demostración geométrica.



  1. Descartes y la Metafísica: el cogito cartesiano

Descartes asume la existencia de dos tipos de sustancia:

  1. Sustancia infinita (Dios), que es la sustancia por excelencia.
  2. Sustancia finita , que necesita de Dios para existir.

Al concepto de sustancia, Descartes añade atributo y modo. El atributo es la esencia de la sustancia. Asi, observamos dos atributos principales en las sustancias finitas: la extensión (res extensa) y el pensamiento (res cogitans). El modo hace referencia a la forma en que se da ese atributo (los modos de la extensión serian los sensibles comunes aristotélicos, es decir, el tamaño, forma, volumen, etc.) mientras que el pensamiento tendría como modos, por ejemplo, la duda.

               3.1.La sustancia infinita.
Descartes admite tres tipos de ideas:


1. Innatas: serian aquellas ideas con las que nacemos, es decir, que no dependen de la experiencia.

2.Adventicias: serian aquellas ideas que provienen de fuera, aquellas que formamos a partir de la experiencia.

3. Facticias: serían aquellas ideas que son construidas por nosotros, combinando aspectos de las adventicias con las innatas.


Podemos preguntarnos de dónde surge la idea de perfección. Para Descartes, la idea de perfección no puede surgir de la experiencia ya que en esta no percibimos nada perfecto. Tampoco es posible que esa idea haya sido construido por un ser imperfecto. Por tanto, la idea de perfección ha de ser innata y ha tenido que ser puesta por Dios.

Dios funciona como un puente entre el yo y el mundo. Descartes atribuye a Dios tres funciones esenciales:


1. Garantía última del conocimiento verdadero. Todo conocimiento evidente es verdadero porque Dios es bueno ya que el engaño no cabe en un ser perfecto.

2. Dios es el que conserva en la existencia al mundo y al yo. Dios se encarga de mantener en la existencia aquello que ha creado.

3. El origen del movimiento está en Dios.
       3.2. La sustancia finita

La concepción cartesiana de la naturaleza se caracteriza por:

1. Mecanicismo: el universo es una gran máquina regida por leyes. Todo queda reducido a extensión y movimiento. Tres leyes:

1.1 Principio de inercia: cuando una parte de la materia ha comenzado a moverse, no hay razón para pensar que dejará de hacerlo con la misma fuerza, sino encuentra nada que retarde o detenga su movimiento.

1.2. Movimiento rectilineo: todo cuerpo que se mueve tiende a continuar su movimiento en linea recta.

1.3. Conservación del movimiento: si un cuerpo que se mueve se encuentra con otro más fuerte que el, no peirde nada de su movimiento, y si se encuentra a otro más débil que puede ser movido por el, pierde tanto movimiento como transmita.


2. No existe el vacío: el universo está colmado de materia y no es posible concebir una extensión vacía.

3. Privilegio de las cualidades primarias sobre las secundarias: el nuevo científico debe ignorar cualquier aspecto subjetivo. La nueva Física debe centrarse en aquello objetivo de los cuerpos.

        4. Descartes y la epistemología: la consolidación del disyuntivismo

Podemos afirmar que el objeto de la percepción cartesiana no son los objetos físicos, de carácter externo, sino las representaciones mentales, de carácter interno. Esto es así porque los casos buenos (experiencias verídicas) son indistinguibles de los casos malos (experiencias engañosas, alucinaciones). El yo cartesiano es representacionalista. El contenido de las experiencias, con independencia de que sean verídicas o alucinatorias, es una representación interna que media entre el sujeto y el mundo. El contenido de mi percepción es una representación, un estímulo.

Se considera que un estimulo puede ser descrito como un tipo de presión especifica que es producida por la aparición o desaparición de un objeto sobre el alrededor del sujeto estimulado. Un estímulo produce una im-presión (impressio; "in-" hacia adentro, "premere" presionar, y "-sion" que indica la acción) que es consecuencia de la interacción de un objeto con el medio en el que se encuentra el sujeto estimulado. Un estimulo permite advertir la existencia de un agente que ha alterado el medio.

Esta caracterización del estimulo requiere considerar una función de transducción para cada uno de los sensores del sujeto. Una transducción hace referencia a una operación que convierte un estimulo en información especifica. Es decir, posibilita una interpretación adecuada para las diferencias drásticas de presión, conductividad eléctrica o térmica, etc., que se dan en el medio y que pueden ser comprendidas como información especifica, sólo si somos capaces de reconocer una correlación previa partiendo de esa diferencia energética.

Este modo de asimilar el estimulo (mediante transducción) implica asumir un tipo de sensor específico para cada tipo de energía y que, además, cada uno de estos sensores posee cierta capacidad inferencial. Es decir, requiere comprender los sentidos no sólo como sensores sino, también, como sensores-procesadores, como es el caso del cerebro. Los sentidos no son más que extensiones cerebrales.

Hay un gran número de fibras semejantes que empiezan a separarse unas de otras desde la superficie interior del cerebro de la máquina, donde toman su origen, y que, yendo desde ahí a esparcirse por el resto de su cuerpo, actúan como órgano para el sentido del tacto.

- Descartes advierte que el tacto carece de un órgano especifico, dicho de otro modo, advierte que la piel no es el sensible propio del tacto, como afirmaba Aristóteles, sino que el sensible propio del tacto serian las propias ramificaciones del cerebro.

- Una cosa es pensar que el tacto es la piel y otra muy diferente pensar que estas fibras se extienden por toda la piel, por ser esta el limite del cuerpo
si se tira de varias de esas fibras a la vez y con la misma fuerza harán sentir al alma que la superficie del cuerpo que toca el miembro donde terminan es lisa; y le harán sentir que es desigual si se tira de ellas con distinta fuerza... según las otras distintas maneras en que sean movidas, le harán sentir todas las otras cualidades que pertenecen al tacto en general, como la humedad, la sequedad, la pesadez y similares.




















DESCARTES, Tratado del hombre, tercera parte.
- La percepción de un movimiento fibrilar y, por lo tanto interno, advierte características externas por medio de una correlación aprendida que es falible (los diferentes tipos de movimientos fibrilares contienen información acerca de la textura, temperatura, humedad, densidad, etc).

-El tipo de presión ejercida sobre un conjunto de fibras produce información codificada acerca de las propiedades del entorno.

-Se puede considerar que se trata de una especie de concepción mecánica del estimulo donde la percepción no es del estimulo sino del cambio interno. Es cierto que el estimulo es la causa del cambio en las fibras pero no percibimos el estimulo hasta después de percibir el cambio internamente y, a partir de este cambio interno postulamos que la causa para ese cambio ha sido debido a un estimulo externo. Postulamos que la causa no puede ser algo no externo.

-Este tipo de percepción (introspectiva) requiere (1) conocer/suponer que estas fibras están presentes en el cuerpo humano y (2) ser capaz de reconocer el tipo de presión a la que estas fibras son sometidas. La comprensión del estimulo requiere de un conocimiento previo y de la capacidad para comprender introspectivamente el tipo de presión especifica ejercida por un fluido.