Considero
que la Filosofía, en esencia, no es una disciplina sino, más bien,
una actitud, que ha sido institucionalizada por el sistema educativo,
y por la cual mostramos nuestro amor o devoción por la sabiduría.
Cualquier persona que ame y busque la sabiduría de un modo reflexivo
o dialógico puede ser considerado un filósofo de pleno derecho con
independencia de su estatuto académico.
La
diferencia entre “el sabio” y “el filósofo” que,
tradicionalmente, ha sido atribuida a Pitágoras puede arrojar luz
sobre qué es la Filosofía. Mientras que el sabio, a causa de su
supuesta sabiduría, exhibe una actitud de soberbia, el filósofo, en
cambio, a causa de su ignorancia, exhibe una actitud de aceptación,
de ingenuidad.
La actitud
ingenua es la actitud apropiada desde la que amar el conocimiento. El
filósofo, al igual que la tortuga, parte con ventaja sobre los
soberbios Aquiles, es decir, sobre aquellos que se tienen por sabios.
En otras palabras, el primero siempre va un paso por delante del
segundo, porque, al igual que el adicto que supera la primera fase de
un programa de rehabilitación, parte de la conciencia y aceptación
de su problema o condición. Dicho de otro modo, el filósofo siempre
se sitúa por delante del sabio porque admite su naturaleza ignorante
y no trata de ocultarla a través de la soberbia exhibida en sus
artificios retóricos.
Desde el
paradigma pragmatista o utilitarista actual puede dar la impresión
de que la Filosofía es algo superado. Puede dar la impresión de que
la Filosofía es una disciplina obsoleta que ha perdido su estatuto
de ciencia omniabarcadora y que, por ello, dota, de un modo racional,
de un sentido a la existencia humana. Parece que, a causa del
relativismo, la Filosofía ha perdido su utilidad. Esto es así
porque no nos preguntamos qué es la Filosofía sino para qué sirve
o qué beneficios se obtienen de ella. La pregunta es acerca del
valor instrumental de la filosofía.
La
totalidad de la Filosofía se asemeja a un árbol, cuyas raíces son
la Metafísica, el tronco es la física y las ramas que brotan de
este tronco son todas las otras ciencias que se reducen
principalmente a tres: a saber, la Medicina, la Mecánica y la Moral…
Y así como no se recogen los frutos del tronco ni de las raíces,
sino solo de las extremidades de las ramas, la principal utilidad de
la Filosofía depende de aquellas partes que solo pueden
desarrollarse en último lugar1
Considero
que el desprestigio de la filosofía empieza a forjase en este tipo
de concepciones de la Metafísica, ya que, como nos advierte Husserl,
el cuestionamiento de la Metafísica implica el
cuestionamiento de la misma razón, en tanto que esta última solo
puede desplegarse en las cuestiones Metafísicas, en las cuestiones
absolutas. Vivimos en un tiempo de cuestiones particulares,
concretass, no-absolutas. Vivimos en una época de dominio de las
ciencias empíricas.
El
golpe de gracia a la Filosofía fue propiciado por las ciencias. Al
fin y al cabo ¿para qué depender de unas raíces que han dejado de
ser útiles, cuando, la ciencia, como organismo autónomo, puede
separarse del árbol que le dio vida y forma, plantarse en el suelo y
proporcionarse unas nuevas raíces, unas raíces propias?
1Descartes
R. Los principios de la filosofía, Carta del autor al traductor,
Alianza U 1995, pags 15-16
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