sábado, 25 de enero de 2020

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Considero que la Filosofía, en esencia, no es una disciplina sino, más bien, una actitud, que ha sido institucionalizada por el sistema educativo, y por la cual mostramos nuestro amor o devoción por la sabiduría. Cualquier persona que ame y busque la sabiduría de un modo reflexivo o dialógico puede ser considerado un filósofo de pleno derecho con independencia de su estatuto académico.

La diferencia entre “el sabio” y “el filósofo” que, tradicionalmente, ha sido atribuida a Pitágoras puede arrojar luz sobre qué es la Filosofía. Mientras que el sabio, a causa de su supuesta sabiduría, exhibe una actitud de soberbia, el filósofo, en cambio, a causa de su ignorancia, exhibe una actitud de aceptación, de ingenuidad.

La actitud ingenua es la actitud apropiada desde la que amar el conocimiento. El filósofo, al igual que la tortuga, parte con ventaja sobre los soberbios Aquiles, es decir, sobre aquellos que se tienen por sabios. En otras palabras, el primero siempre va un paso por delante del segundo, porque, al igual que el adicto que supera la primera fase de un programa de rehabilitación, parte de la conciencia y aceptación de su problema o condición. Dicho de otro modo, el filósofo siempre se sitúa por delante del sabio porque admite su naturaleza ignorante y no trata de ocultarla a través de la soberbia exhibida en sus artificios retóricos.

Desde el paradigma pragmatista o utilitarista actual puede dar la impresión de que la Filosofía es algo superado. Puede dar la impresión de que la Filosofía es una disciplina obsoleta que ha perdido su estatuto de ciencia omniabarcadora y que, por ello, dota, de un modo racional, de un sentido a la existencia humana. Parece que, a causa del relativismo, la Filosofía ha perdido su utilidad. Esto es así porque no nos preguntamos qué es la Filosofía sino para qué sirve o qué beneficios se obtienen de ella. La pregunta es acerca del valor instrumental de la filosofía.

La totalidad de la Filosofía se asemeja a un árbol, cuyas raíces son la Metafísica, el tronco es la física y las ramas que brotan de este tronco son todas las otras ciencias que se reducen principalmente a tres: a saber, la Medicina, la Mecánica y la Moral… Y así como no se recogen los frutos del tronco ni de las raíces, sino solo de las extremidades de las ramas, la principal utilidad de la Filosofía depende de aquellas partes que solo pueden desarrollarse en último lugar1

Considero que el desprestigio de la filosofía empieza a forjase en este tipo de concepciones de la Metafísica, ya que, como nos advierte Husserl, el cuestionamiento de la Metafísica implica el cuestionamiento de la misma razón, en tanto que esta última solo puede desplegarse en las cuestiones Metafísicas, en las cuestiones absolutas. Vivimos en un tiempo de cuestiones particulares, concretass, no-absolutas. Vivimos en una época de dominio de las ciencias empíricas.

El golpe de gracia a la Filosofía fue propiciado por las ciencias. Al fin y al cabo ¿para qué depender de unas raíces que han dejado de ser útiles, cuando, la ciencia, como organismo autónomo, puede separarse del árbol que le dio vida y forma, plantarse en el suelo y proporcionarse unas nuevas raíces, unas raíces propias?

1Descartes R. Los principios de la filosofía, Carta del autor al traductor, Alianza U 1995, pags 15-16

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