Cómo es el
alma, requeriría toda una larga y divina explicación ; pero decir a
qué se parece, es ya asunto humano y, por supuesto, más breve.
Podríamos entonces decir que se parece a una fuerza que como si
hubieran nacido juntos, lleva a una yunta alada y a su auriga...
Tal como
hicimos al principio de este mito, en el que dividimos cada alma en
tres partes, y dos de ellas tenían forma de caballo y una tercera
forma de auriga, sigamos utilizando también ahora este símil.
Decíamos, pues, que de los caballos uno es bueno y el otro no. Pero
en qué consistía la excelencia del bueno y la rebeldía del malo no
lo dijimos entonces, pero habrá que decirlo ahora . Pues bien, de
ellos, el que ocupa el lugar preferente es de erguida planta y de
finos remos, de altiva cerviz, aguileño hocico, blanco de color, de
negros ojos, amante de la gloria con moderación y pundonor ,
seguidor de la opinión verdadera y, sin fusta, dócil a la voz y a
la palabra. En cambio, el otro es contrahecho, grande, de toscas
articulaciones, de grueso y corto cuello, de achatada testuz, color
negro, ojos grises, sangre ardiente, compañero de excesos y
petulancias, de peludas orejas, sordo, apenas obediente al látigo y
los acicates.
Así que
cuando el auriga, viendo el semblante amado, siente un calor que
recorre toda el alma, llenándose del cosquilleo y de los aguijones
del deseo, aquel de los caballos que le es dócil, dominado
entonces, como siempre, por el pundonor, se contiene a sí mismo para
no saltar sobre el amado. El otro , sin embargo, que no hace ya ni
caso de los aguijones, ni de1 látigo del auriga , se lanza , en
impetuoso salto, poniendo en toda clase de aprietos al que con él va
uncido y al auriga.
Platón- Fedro
1º A la luz del texto de
Platón, completa la siguiente imagen.
2º Realiza un mapa
conceptual que refleje los tipos de alma y sus propiedades.

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