EL
PENSAMIENTO MODERNO: DESCARTES
1.
Contexto histórico:
1.1.La
edad moderna.
1.2.
La filosofía moderna.
2.
Texto EBAU: el discurso del método.
3.
Descartes y la Metafísica: el cogito cartesiano.
3.1. La sustancia infinita.
3.2. La sustancia finita.
4. Descartes y la epistemología: la consolidación del disyuntivismo.
1.La
edad moderna
La
aparición y el crecimiento de las ciudades da lugar a un nuevo modo
de vida. Es en la cosmopolita ciudad moderna donde empieza a
forjarse la concepción del ser humano como individuo. Antes de que
aparecieran las ciudades, las personas vivían en comunidad y se
encontraban relacionadas por vínculos que iban más allá de las
leyes. Podemos señalar que la principal diferencia es que la vida
comunal requiere del sacrificio de sus habitantes en favor del Bien
común y depende en gran medida de la relación con los demás. Sin
embargo, la vida en ciudad, cada vez exige un menor sacrificio por
el bien común ya que, en estas ciudades, se empieza hacer del
gobierno una profesión particular. El Bien común de este nuevo tipo
de sociedad exige que nos desvinculemos de la política y la dejemos
en manos de profesionales. El ciudadano, así, es un individuo libre
que asume que el mejor aporte que puede hacer al Bien común pasa por
producir riqueza individual.
1.2. La
Filosofía moderna
La
aparición de las ciudades produce una concentración de los sabios
que, a su vez, da paso a las universidades. Es en las universidades
donde se comienza a gestar una revolución científica. Llamamos
"Revolución científica" al periodo comprendido entre 1543
(año en el que Copérnico publica De revolutionibus orbium
caelistium en el que cual se
presenta un modelo heliocéntrico del sistema solar) y 1687 (año en
el que Isaac Newton publica sus Principios matemáticos de
Filosofía Natural).
La
filosofía moderna supone una ruptura con la filosofía tradicional,
puesto que la Nueva Física ha desacreditado la autoridad de los
clásicos como Aristóteles, Hipócrates o Galeno. El ejemplo más
claro del abandono del aristotelismo lo encontramos en la figura de
Francis Bacon que frente al aristotelismo propone un Novum
organum scientiarum (por
oposición al Órganon aristotélico).
En esta obra Bacon desarrolla un nuevo modelo de investigación
científica conocido como el método inductivo. Este método parte de
la observación para establecer leyes de carácter general. El método
inductivo se divide en cuatro pasos:
1º
Observación de un hecho.
2º
Registro y clasificación del hecho observado.
3º
Generalización de una ley a partir de un conjunto suficiente de
hechos.
4º
Verificación.
Dada
la crisis del aristotelismo no es de extrañar la proliferación de
métodos. El próximo método que veremos, el método cartesiano, es
un nuevo modelo de investigación de la verdad conocido como la duda
metodológica. Este método ya existe antes de que Descartes exprese
sus reglas, los matemáticos no se han dado cuenta del método que
emplean. El error de Descartes estriba en considerar que el análisis
matemático puede valer para otra ciencia, pierde de vista las
singularidades de cada ciencia.
DISCURSO
DEL MÉTODO, PREFACIO
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Si
este discurso se encuentra demasiado extenso para ser leído de
una vez, podrá dividirse
en seis
partes.
En la primera,
se encontrarán diversas
consideraciones tocantes a las ciencias.
En la segunda,
las principales reglas
del método
que el autor ha investigado. En la tercera,
algunas de las (reglas)
de la moral
que tomó de este método. En la cuarta,
las razones
por las cuales prueba la existencia
de Dios
y
el
alma
humana, que son los
fundamentos de su metafísica.
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-
El discurso se divide en seis partes, sin embargo, nosotros nos
limitaremos a las cuatro primeras.
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DISCURSO
DEL MÉTODO, PRIMERA PARTE
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El
sentido común es la cosa mejor repartida del mundo:
porque cada uno cree que está bien provisto de esto
mismo, e incluso los que son más difíciles de satisfacer en
cualquier otra cosa no tienen costumbre de desear más del que
tienen. En cuanto a esto, no es verosímil que todos se
equivoquen: pero más bien eso demuestra que el
poder de juzgar bien y distinguir lo
verdadero de lo falso, que es propiamente lo que
nombra el sentido común o la razón, es naturalmente igual en
todos los hombres,
|
-
El sentido común: es una facultad
(universal) que permite distinguir lo verdadero de lo falso.
-
El método exige el uso de la razón y la razón es patrimonio de
todos los hombres.
|
y
así la diversidad de nuestras opiniones no proviene
de que unas sean más razonables que las otras, sino solamente de
que conducimos nuestros pensamientos por diversas vías, y no
consideramos las mismas cosas.
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-
Dado que, desde que nacemos, estamos sometidos a prejuicios,
nuestro sentido comun se pierde inevitablemente.
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Parece
que no es suficiente tener un espíritu bueno, sino que
lo principal es aplicarlo bien. Las mas grandes almas
son capaces de los mayores defectos así como de
las mayores virtudes; y sólo los que van muy lentamente
pueden avanzar mucho más que los que corren o se alejan, si
siguen siempre el camino recto.
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-El
buen sentido, aplicado correctamente, puede conducir a la sabiduría.
-Sin
embargo, nadie nos ha enseñado a hacer un uso correcto de esa
facultad.
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Mi
propósito,
no es el de enseñar aquí el método que cada cual debe seguir
para dirigir bien su razón, sino sólo exponer
de qué manera he tratado de conducir la mía.
Los que se meten a dar preceptos deben estimarse más hábiles que
aquellos a quienes se los dan y si yerran en la menor cosa merecen
censura por ello. Pero como yo propongo
este escrito tan sólo a
modo de historia o, si se
prefiere, de fábula, en la que entre algunos ejemplos que se
pueden imitar quizá se hallen otros muchos que sería razonable
no seguir, espero que será útil
para algunos sin ser nocivo para
nadie y que todos agradecerán mi franqueza.
|
-
Diferencia entre método y
procedimiento. Un procedimiento es un conjunto de reglas de modo
personal. Un método es un conjunto de reglas de carácter
universal.
-Descartes
aspira a la universalidad por medio de la razón, por eso hablamos
de método y no de procedimiento. El método exige del uso de la
razón y la razón es una facultad universal.
-
Descartes está haciendo gala de una falsa humildad.
|
...Gustaba,
sobre todo, de las matemáticas
por la certeza y evidencia
de sus razones; pero aún no
conocía su verdadero uso, y al
pensar que sólo servían para las artes mecánicas, me
extrañaba que, siendo sus cimientos tan firmes y sólidos, no se
hubiese construido sobre ellos nada más elevado...
|
-
Descartes está sorprendido de que a nadie se le hubiese ocurrido
utilizar el método matemático como fundamento enla búsqueda de
la verdad.
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Nada
diré de la filosofía
sino que, al ver que ha sido cultivada
por los más excelsos espíritus
que han existido en los siglos pasados,
y que, sin
embargo, no
hay en ella cosa alguna que no sea objeto de disputa
y, por consiguiente, no sea dudosa,
no tenía yo la presunción de esperar acertar mejor que los
demás. Y considerando cuántas opiniones
diversas puede haber referentes
a un mismo asunto, todas
sostenidas por gente docta, aun
cuando no puede ser verdadera más que una sola,
consideraba casi como falso
todo lo que sólo fuera verosímil.
|
-
Para Descartes, la Filosofía no es más que un conjunto de
opiniones verosímiles y que, además, se contradicen entre sí.
-
La Filosofía no ha alcanzado ninguna certeza. Sin embargo,
Descartes está apelando a una (principio de no-contradicción)
para justificar su argumento (aun
cuando no puede ser verdadera más que una sola).
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En
cuanto a las demás ciencias,
como toman sus principios de la
filosofía, juzgaba yo que no
se podía haber edificado nada sólido
sobre cimientos tan poco firmes...
|
-
Este párrafo ejemplifica la crisis del aristotelismo. El
argumento es el que sigue: si el aristotelismo fundamentalmente
erróneo y todas las ciencias toman sus principios de este,
entonces, todas las ciencias son erróneas o, al menos, objeto de
la duda.
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DISCURSO
DEL MÉTODO, SEGUNDA PARTE
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Había
estudiado un poco, cuando era más
joven, de las partes de la
filosofía, la lógica,
y de las matemáticas, el análisis
de los geómetras y el álgebra,
tres artes o ciencias que debían, al parecer, contribuir algo a
mi propósito.
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-
Descartes comienza recordando su formación filosófica. Estudió
lógica y matemáticas (las matemáticas se dividian en análisis
geométrico y álgebra.
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Pero
cuando las examiné,
advertí con respecto a la lógica,
que sus silogismos
y la mayor parte de las demás instrucciones que da, más sirven
para explicar a otros las cosas ya sabidas
o
incluso, como el arte de Lulio, para
hablar sin juicio de las que se ignoran que para aprenderlas.
Y si bien contiene,
en efecto, muchos buenos y
verdaderos preceptos, hay,
sin embargo, mezclados
con ellos, tantos otros nocivos o
superfluos que separarlos es casi
tan difícil como sacar una Diana o una Minerva de un mármol no
trabajado. En lo tocante al análisis
de los antiguos y al álgebra
de los modernos,
aparte de que no se refieren sino a muy abstractas materias que no
parecen ser de ningún uso, el
primero está siempre tan
constreñido
a considerar
las figuras que no puede ejercitar
el entendimiento sin fatigar en
mucho la imaginación,
y en la última hay que sujetarse
tanto a ciertas reglas y cifras
que se ha hecho de ella un arte
confuso y oscuro, bueno para
enredar el espíritu, en lugar de una ciencia que lo cultive.
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-
Respecto de la Lógica, Descartes afirma que contiene tantas
ventajas como problemas. Es decir, si bien es cierto que ciertos
principios son válidos, no es menos cierto que ciertos principios
lógicos nos conducen, de manera inevitable, al error.
-
Respecto del análisis geométrico, Descartes afirma que, dado su
nivel de abstracción, exige un gran esfuerzo. Por ejemplo, pensar
en la cuadratura del círculo puede
resultar farragoso y agotador.
-
Respecto del álgebra, Descartes afirma que requiere de demasiados
conocimientos previos que complican las operaciones. Descartes, en
su obra La Geometría,
inició
la práctica actual de usar las últimas letras del alfabeto para
las incógnitas y las primeras para los parámetros.
|
Esto
fue causa
de que pensase que era necesario buscar
algún otro método que,
reuniendo las ventajas de estos
tres, estuviese libre de sus
defectos.
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-
El nuevo método que reúne las ventajas de los tres es la llamada geometría analítica.
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Y
como
la multitud de leyes sirve
a menudo de disculpa a los vicios, siendo un Estado mucho mejor
regido cuando hay pocas pero
muy estrictamente observadas,
así también, en lugar del gran
número de preceptos que encierra la lógica, creí que me
bastarían los cuatro siguientes,
siempre que tomara la firme y constante resolución de no dejar de
observarlos ni una sola vez.
|
-
Descartes establece una analogía entre la política y la lógica
para persuadirnos de las ventajas de funcionar con pocos
principios.
-
El método original de Descartes estaba formado por 21 reglas que
se encuentran en su obra inconclusa Reglas para la dirección
del espíritu. Nueve años
más tarde, cree poder reducir esas 21 reglas a cuatro.
|
Consistía
la
primera
en no
admitir jamás como verdadera cosa alguna sin conocer con
evidencia que lo era;
es decir, evitar
cuidadosamente la precipitación
y la prevención
y
no comprender,
en mis juicios, nada
más que lo que se presentase a mi espíritu tan clara y
distintamente que
no tuviese motivo alguno para ponerlo en duda.
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-
La primera regla es la llamada regla de la evidencia.
-
Para Descartes la evidencia es la característica principal de
toda idea verdadera. Y la evidencia, solo la obtenemos mediante la
intuición, solo así podemos aducir evidencias. Ahora bien, en
ese empeño de encontrar nada más que lo evidente se interponen
dos obstáculos (la precipitación y la prevención)
-La
precipitación consiste en juzgar las cosas sin tener una absoluta
evidencia. Descartes se ciñe a la significación habitual del
termino.
-
La prevención es el error de aquellos hombres que aceptan las
ideas que han adquirido durante la infancia y jamas las someten a
un juicio racional.
-
¿Cómo enfrentarse a estas fuentes de error?
-
Descartes sostiene ante la precipitación la suspensión del
juicio y contra la prevención la duda. En este punto, Descartes
coloca todo el peso sobre la duda. La duda es aquella herramienta
que permite poner entre paréntesis, presentar como un
interrogantes todas las ideas preconcebidas. La duda es la
herramienta que ejerce un efecto disolvente sobre las opiniones.
La duda obliga a la renuncia de toda opinión heredada.
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En
segundo
lugar, dividir
cada una de las dificultades
que examinase en
tantas partes como fuese posible
y en cuantas requiriese su mejor solución.
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-
La segunda regla es la llamada regla del análisis.
-
Consiste en la descomposición, en la división de las
dificultades, en hacer que aquello que, en apariencia, conforma un
todo complejo quede dividido en sus naturalezas simples.
El
seguimiento de la regla del análisis nos conduce al conocimiento
de esas naturalezas simples. Las principales características de
estas naturalezas son la claridad y la distinción.
-Una idea es clara, según
Descartes, cuando se presenta de manera inmediata a mi
entendimiento. Mientras que, una idea es distinta cuando se
presenta de un modo tal que no pueda confundirse con ninguna otra.
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El
tercero,
en conducir
ordenadamente mis pensamientos,
comenzando
por los
objetos más simples
y
más fáciles de conocer, para
ir
ascendiendo
poco a poco, como por grados, hasta
el conocimiento de los más compuestos;
y suponiendo un orden aun entre aquellos que no se preceden
naturalmente unos a otros.
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-
La tercera regla es la llamada regla de la síntesis.
-
Es un camino de reconstrucción de lo que ha sido dividido. El
término síntesis hace referencia a ese proceso de recomposición.
-
En la síntesis elegimos aquellas naturalezas simples reconocidas
mediante la intuición para establecer relaciones entre ellas y,
con ello, obtener proposiciones compuestas verdaderas.
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Y
el último, en hacer en todo enumeraciones
tan completas y revisiones tan generales que estuviera
seguro de no omitir nada.
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-
La cuarta regla es la llamada regla de la enumeración y la
revisión.
-
Es la regla que refrenda el método. Consiste en la revisión de
todos los procesos realizados con anterioridad, es decir, en
repasar exhaustivamente cada paso dado, garantizarse contra todo
posible error.
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Esas
largas cadenas de trabadas razones muy simples y
fáciles, que los geómetras acostumbran a emplear
para llegar a sus más difíciles demostraciones, me
habían dado ocasión para imaginar que todas las cosas que
entran en la esfera del conocimiento humano se encadenan de la
misma manera; de suerte que, con sólo abstenerse de admitir
como verdadera ninguna que no lo fuera y de guardar siempre el
orden necesario para deducir las unas de las otras, no puede haber
ninguna, por lejos que se halle situada o por oculta que esté,
que no se llegue a alcanzar y descubrir.
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-
Estas reglas ya estaban la matemática aunque de forma implícita.
La matemática es una propedéutica que va a permitir, con
renovada confianza, acceder al conocimiento de las verdades
metafísicas.
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DISCURSO
DEL MÉTODO, TERCERA PARTE
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Por
último, como para empezar a reconstruir el alojamiento en
donde uno habita, no basta haberlo derribado y haber hecho
acopio de materiales y de arquitectos, o haberse ejercitado uno
mismo en la arquitectura y haber trazado además cuidadosamente el
diseño del nuevo edificio, sino que también hay que proveerse
de alguna otra habitación, en donde pasar cómodamente el
tiempo que dure el trabajo, así, pues, con el fin de no
permanecer irresoluto en mis acciones, mientras la
razón me obligaba a serlo en mis juicios, y no dejar de vivir,
desde luego, con la mejor ventura que pudiese, hube de arreglarme
una moral provisional, que no consistía sino en
tres o cuatro máximas, que con mucho gusto voy a
comunicaros.
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-En
la tercera parte, Descartes se centra en la vida, que es
fundamentalmente práctica. La vida no admite dilaciones, tiene su
tiempo, su finitud. Este hecho obliga al sujeto a tomar
decisiones precipitadas. Sin embargo, en la ciudad convive con
otras personas y, por tanto, necesita saber cómo debe convivir
con ellos.
-
Decide proveerse de una moral provisional hasta que conozca el
mejor modo de convivencia, el cual, es el ultimo conocimiento.
|
La
primera fue seguir las leyes y las costumbres de
mi país, conservando constantemente la religión
en que la gracia de Dios hizo que me instruyeran desde niño,
rigiéndome en todo lo demás por las opiniones
más moderadas y más apartadas de todo exceso, que fuesen
comúnmente admitidas en la práctica por los más sensatos de
aquellos con quienes tendría que vivir. Porque habiendo
comenzado ya a no contar para nada con las mías propias,
puesto que pensaba someterlas todas a un nuevo examen, estaba
seguro de que no podía hacer nada mejor que seguir las de los más
sensatos. Y aun cuando entre los persas y los chinos hay quizá
hombres tan sensatos como entre nosotros, parecíame que lo más
útil era acomodarme a aquellos con quienes tendría que vivir; y
que para saber cuáles eran sus verdaderas opiniones, debía
fijarme más bien en lo que hacían que en lo que decían,
no sólo porque, dada la corrupción de nuestras costumbres, hay
pocas personas que consientan en decir lo que creen, sino también
porque muchas lo ignoran, pues el acto del pensamiento, por el
cual uno cree una cosa, es diferente de aquel otro por el cual uno
conoce que la cree, y por lo tanto muchas veces se encuentra aquél
sin éste. Y entre varias opiniones, igualmente admitidas,
elegía las más moderadas, no sólo porque son
siempre las más cómodas para la práctica, y
verosímilmente las mejores, ya que todo exceso suele ser malo,
sino también para alejarme menos del verdadero camino,
en caso de error, si, habiendo elegido uno de los extremos, fuese
el otro el que debiera seguirse...
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-
La primera máxima es de tipo prudencial. Ser prudente o
conservador, según Descartes, conlleva dos ventajas. Por un lado,
ser conservador nos permite evitar el conflicto con los demás.
Por otro, ser prudente nos mantiene más cerca de la verdad
porque, en caso de error, estaremos más cerca de la verdad que si
nos equivocamos radicalmente.
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Mi
segunda máxima fue la de ser en mis acciones
lo más firme y resuelto que pudiera y seguir tan
constante en las más dudosas opiniones, una vez
determinado a ellas, como si fuesen segurísimas, imitando
en esto a los caminantes que, extraviados por algún bosque, no
deben andar errantes dando vueltas por una y otra parte, ni menos
detenerse en un lugar, sino caminar siempre lo más derecho que
puedan hacia un sitio fijo, sin cambiar de dirección por leves
razones, aun cuando en un principio haya sido sólo el azar el que
les haya determinado a elegir ese rumbo; pues de este modo, si no
llegan precisamente adonde quieren ir, por lo menos acabarán por
llegar a alguna parte, en donde es de pensar que estarán mejor
que no en medio del bosque. Y así, puesto que muchas veces las
acciones de la vida no admiten demora, es verdad muy cierta
que si no está en nuestro poder el discernir las mejores
opiniones, debemos seguir las más probables; y aunque no
encontremos más probabilidad en unas que en otras, debemos,
no obstante, decidirnos por algunas y considerarlas después,
no ya como dudosas, en cuanto que se refieren a la práctica, sino
como muy verdaderas y muy ciertas, porque la razón que nos ha
determinado lo es. Y esto fue bastante para librarme desde
entonces de todos los arrepentimientos y remordimientos que suelen
agitar las consciencias de esos espíritus endebles y vacilantes,
que se dejan ir inconstantes a practicar como buenas las cosas que
luego juzgan malas.
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-
La segunda máxima es de tipo resolutivo. Esta máxima, nos sirve
para negar la idea de un Descartes escéptico. Su duda es
metodológica, es un modo de proceder en el teorizar. Sin embargo,
la duda escéptica es un modo de vida.
-
Para Descartes este último tipo de duda es el peor enemigo para
la vida práctica. El virtuoso es aquel que, una vez que ha optado
por una opinión, se mantiene firme y actúa como si fuese una
certeza.
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Mi
tercera máxima fue procurar siempre vencerme a mí
mismo antes que a la fortuna, y alterar mis deseos antes
que el orden del mundo, y generalmente acostumbrarme a creer
que nada hay que esté enteramente en nuestro poder sino
nuestros propios pensamientos, de suerte que después de haber
obrado lo mejor que hemos podido, en lo tocante a las cosas
exteriores, todo lo que falla en el éxito es para nosotros
absolutamente imposible. Y esto sólo me parecía bastante para
apartarme en lo porvenir de desear algo sin conseguirlo y tenerme
así contento; pues como nuestra voluntad no se determina
naturalmente a desear sino las cosas que nuestro entendimiento le
representa en cierto modo como posibles, es claro que si todos
los bienes que están fuera de nosotros los consideramos como
igualmente inasequibles a nuestro poder, no sentiremos pena alguna
por carecer de los que parecen debidos a nuestro nacimiento,
cuando nos veamos privados de ellos sin culpa nuestra, como no
la sentimos por no ser dueños de los reinos de la China o de
Méjico; y haciendo, como suele decirse, de necesidad
virtud, no sentiremos mayores deseos de estar sanos, estando
enfermos, o de estar libres, estando encarcelados, que ahora
sentimos de poseer cuerpos compuestos de materia tan poco
corruptible como el diamante o alas para volar como los pájaros.
Pero confieso que son precisos
largos ejercicios y reiteradas meditaciones para acostumbrarse a
mirar todas las cosas por ese ángulo; y creo que en
esto consistía principalmente el secreto de aquellos
filósofos, que pudieron antaño sustraerse al imperio de la
fortuna, y a pesar de los sufrimientos y la pobreza, entrar en
competencia de ventura con los propios dioses. Pues, ocupados sin
descanso en considerar los límites prescritos por la naturaleza,
persuadíanse tan perfectamente de que nada tenían en su poder
sino sus propios pensamientos, que esto sólo era bastante
a impedirles sentir afecto hacia otras cosas; y disponían de
esos pensamientos tan absolutamente, que tenían en esto cierta
razón de estimarse más ricos y poderosos y más libres y
bienaventurados que ningunos otros hombres, los cuales, no
teniendo esta filosofía, no pueden, por mucho que les hayan
favorecido la naturaleza y la fortuna, disponer nunca, como
aquellos filósofos, de todo cuanto quieren.
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-
La tercera máxima nos indica cómo ser felices.
-
Para Descartes debemos estar satisfechos con lo que tenemos ya
que la fortuna no es algo que dependa de nosotros por ser algo
externo. Sin embargo, si podemos volver hacia nuestro interior y
ser dueños de nuestros pensamientos al someter nuestra voluntad a
nuestro entendimiento.
-
En esta máxima observamos una fuerte influencia del estoicismo
bajo la teoría de la aceptación. Recordemos que la filosofía
estoica enseñaba, principalmente, que sólo eramos dueños de
nuestras representaciones mentales (fantasías).
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DISCURSO
DEL MÉTODO, CUARTA PARTE
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No
sé si debo hablaros de las primeras meditaciones que hice
allí, pues son tan metafísicas y tan fuera de lo común,
que quizá no gusten a todo el mundo. Sin embargo, para que
se pueda apreciar si los fundamentos que he tomado son bastante
firmes, me veo en cierta manera obligado a decir algo de esas
reflexiones.
Tiempo
ha que había advertido que, en lo tocante a las costumbres, es a
veces necesario seguir opiniones que sabemos muy inciertas, como
si fueran indudables, y esto se ha dicho ya en la parte anterior;
pero, deseando yo en esta ocasión ocuparme tan sólo de
indagar la verdad, pensé que debía hacer lo contrario y
rechazar como absolutamente falso todo aquello en que pudiera
imaginar la menor duda, con el fin de ver
si, después de hecho esto, no quedaría en
mi creencia algo que fuera enteramente indudable.
|
-
La duda es el punto de partida del pensamiento cartesiano. Hemos
de remarcar que se trata de una duda deliberada. De nuevo,
podemos observar que no se trata de la duda del escéptico el cual
se congratula de dudar, sino de una duda que pretende llegar a esa
primera certeza.
|
Así,
puesto que los sentidos nos engañan, a las veces, quise
suponer que no hay cosa alguna que sea tal y como ellos nos la
presentan en la imaginación; y puesto que hay hombres que
yerran al razonar, aun acerca de los más simples asuntos de
geometría, y cometen paralogismos, juzgué que yo estaba tan
expuesto al error como otro cualquiera, y rechacé como falsas
todas las razones que anteriormente había tenido por
demostrativas; y, en fin, considerando que todos los
pensamientos que nos vienen estando despiertos pueden también
ocurrírsenos durante el sueño, sin que ninguno entonces sea
verdadero, resolví fingir que todas las
cosas, que hasta entonces habían entrado en mi espíritu, no
eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños.
|
-
El primer motivo de duda son los sentidos. La hipótesis de
Descartes, conocida como hipótesis del sueño, nos dice que: el
mundo podría ser muy diferente de cómo creo que es. El argumento
es el que sigue:
(1)
Mis experiencias sensoriales son compatibles con que esté
soñando.
(2)
Por tanto, me es imposible determinar si estoy o no
soñando.
(3)
De manera que no puedo saber si estoy soñando o no.
(4)
A no ser que sepa que no estoy soñando, no puedo saber que estoy
sentado en mi mesa escribiendo estas ideas.
(5)
Pero si ni siquiera sé que estoy sentado en mi mesa escribiendo
estas ideas, no sé nada sobre el mundo.
(6)Por
tanto, por (1)-(5), no sé nada sobre el mundo.
|
Pero
advertí luego que, queriendo yo pensar, de esa
suerte, que todo es falso, era necesario que yo, que lo
pensaba, fuese alguna cosa; y observando que esta
verdad: «yo pienso, luego soy», era tan firme y segura
que las más extravagantes suposiciones de los escépticos
no son capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla sin
escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que andaba
buscando.
|
-
Por medio del uso de la duda, Descartes llega a una verdad
indubitable: yo pienso, luego, soy una cosa cuya esencia
consiste en pensar.
-
A pesar de que nada sea
cierto y exista la posibilidad de que continuamente seamos
engañados, seguimos, teniendo representaciones mentales (ya sean
verdaderas o falsas).
|
Examiné
después atentamente lo que yo era, y viendo que podía
fingir que no tenía cuerpo alguno y que no había mundo
ni lugar alguno en el que yo me encontrase, pero que no podía
fingir por ello que yo no fuese, sino al contrario, por lo
mismo que pensaba en dudar de la verdad de las otras cosas, se
seguía muy cierta y evidentemente que yo era, mientras que, con
sólo dejar de pensar, aunque todo lo demás que había imaginado
fuese verdad, no tenía ya razón alguna para creer que yo era,
conocí por ello que yo era una sustancia cuya esencia y
naturaleza toda es pensar, y que no necesita, para ser, de
lugar alguno, ni depende de cosa alguna material; de suerte que
este yo, es decir, el alma, por la cual yo soy lo que soy,
es enteramente distinta del cuerpo y hasta más fácil
de conocer que éste y, aunque el cuerpo no fuese, el alma no
dejaría de ser cuanto es.
|
-
Para Descartes el cuerpo es algo no esencial, es decir, puedo
dudar de la existencia de un cuerpo físico que funciona como
recipiente de un alma.
-
No podemos dudar de nuestro alma (res cogitans), la cual, es más
fácil de conocer que el propio cuerpo.
|
Después
de esto, consideré, en general, lo que se requiere en
una proposición para que sea verdadera y cierta; pues ya que
acababa de hallar una que sabía que lo era, pensé que debía
saber también en qué consiste esa certeza. Y habiendo notado que
en la proposición: «yo pienso, luego soy», no hay nada que me
asegure que digo verdad, sino que veo muy claramente que para
pensar es preciso ser, juzgué que podía admitir esta regla
general: que las cosas que concebimos muy clara y
distintamente son todas verdaderas; pero que sólo hay alguna
dificultad en notar cuáles son las que concebimos
distintamente.
|
-
Descartes nos ofrece su criterio de verdad: una cosa es verdadera
si y sólo si esa cosa es percibida de un modo claro y distinto.
-
Este paso no es muy significativo ya que únicamente transfiere
las dificultades para determinar si algo es verdadero a si algo es
distinto.
|
Después
de lo cual, hube de reflexionar que, puesto que yo
dudaba, no era mi ser enteramente perfecto, pues veía
claramente que hay más perfección en conocer que en dudar;
y se me ocurrió entonces indagar por dónde había yo
aprendido a pensar en algo más perfecto que yo; y conocí
evidentemente que debía de ser por alguna naturaleza que fuese
efectivamente más perfecta. En lo que se refiere a los
pensamientos, que en mí estaban, de varias cosas exteriores a mí,
como son el cielo, la tierra, la luz, el calor y otros muchos, no
me preocupaba mucho el saber de dónde procedían, porque, no
viendo en esas cosas nada que me pareciese hacerlas superiores a
mí, podía creer que, si eran verdaderas, eran unas dependencias
de mi naturaleza, en cuanto que ésta posee alguna perfección, y
si no lo eran, procedían de la nada, es decir, estaban en mí,
porque hay en mí algún defecto. Pero no podía suceder otro
tanto con la idea de un ser más perfecto que mi ser; pues era
cosa manifiestamente imposible que la tal idea procediese de la
nada; y como no hay menor repugnancia en pensar
que lo más perfecto sea consecuencia y dependencia de
lo menos perfecto, que en pensar que de nada provenga algo,
no podía tampoco proceder de mí mismo; de suerte que sólo
quedaba que hubiese sido puesta en mí por una naturaleza
verdaderamente más perfecta que yo soy, y poseedora inclusive
de todas las perfecciones de que yo pudiera tener idea; esto
es, para explicarlo en una palabra, por Dios. A esto añadí
que, supuesto que yo conocía algunas perfecciones que me
faltaban, no era yo el único ser que existiese (aquí, si lo
permitís, haré uso libremente de los términos de la escuela),
sino que era absolutamente necesario que hubiese algún otro ser
más perfecto de quien yo dependiese y de quien hubiese adquirido
todo cuanto yo poseía; pues si yo fuera solo e independiente de
cualquier otro ser, de tal suerte que de mí mismo procediese lo
poco en que participaba del ser perfecto, hubiera podido tener por
mí mismo también, por idéntica razón, todo lo demás que yo
sabía faltarme, y ser, por lo tanto, yo infinito, eterno,
inmutable, omnisciente, omnipotente, y, en fin, poseer todas las
perfecciones que podía advertir en Dios. Pues, en virtud de los
razonamientos que acabo de hacer, para conocer la naturaleza de
Dios hasta donde la mía es capaz de conocerla, bastábame
considerar todas las cosas de que hallara en mí mismo alguna
idea y ver si era o no perfección el poseerlas; y estaba
seguro de que ninguna de las que indicaban alguna imperfección
está en Dios, pero todas las demás sí están en él; así veía
que la duda, la inconstancia, la tristeza y otras cosas semejantes
no pueden estar en Dios, puesto que mucho me holgara yo de verme
libre de ellas. Además, tenía yo ideas de varias cosas sensibles
y corporales; pues aun suponiendo que soñaba y que todo cuanto
veía e imaginaba era falso, no podía negar, sin
embargo, que esas ideas estuvieran verdaderamente en mi
pensamiento. Mas habiendo ya conocido en mí muy
claramente que la naturaleza inteligente es distinta de la
corporal, y considerando que toda composición denota
dependencia, y que la dependencia es manifiestamente un
defecto, juzgaba por ello que no podía ser una
perfección en Dios el componerse de esas dos naturalezas, y
que, por consiguiente, Dios no era compuesto; en cambio, si en
el mundo había cuerpos, o bien algunas inteligencias u
otras naturalezas que no fuesen del todo perfectas, su
ser debía depender del poder divino, hasta el punto de no
poder subsistir sin él un solo instante.
|
-
Descartes va a ofrecer dos definiciones de sustancia.
(a) Rigurosa: es
sustancia todo aquello que no necesita más que ella para
subsistir. Solo Dios es enteramente independiente.
(b)
Laxa: aquello que existe por si mismo pero necesitando del
concurso de Dios.
Dos
motivos para establecer esta distinción:
(a)
No concibe que lo más perfecto pueda ser obra de lo menos
perfecto. Pues estaríamos contradiciendo las sagradas escrituras.
(b)
No concibe que de nada surja algo (creación ex nihilio). Pues
estaríamos negando el principio propuesto por Parménides sobre
el ser y el cambio.
-
Podemos conocer, en parte, la naturaleza divina ¿Cómo?
Observando si nuestras facultades, en grado superlativo, son
dignas de ser poseídas por Dios.
-
Para Descartes, Dios no puede tener cuerpo pues el tener cuerpo
haría de Dios un compuesto y, por tanto, seria dependiente y
defectuoso. Dios es pura res cogitans.
-
Sin embargo, observamos como el mundo es un compuesto y,
precisamente, por ser compuesto su existencia depende de Dios.
|
Quise indagar
luego otras verdades; y habiéndome propuesto el objeto de
los geómetras, que concebía yo como un cuerpo continuo o un
espacio infinitamente extenso en longitud, anchura y altura o
profundidad, divisible en varias partes que pueden tener varias
figuras y magnitudes y ser movidas o trasladadas en todos los
sentidos, pues los geómetras suponen todo eso en su objeto,
repasé algunas de sus más simples demostraciones, y habiendo
advertido que esa gran certeza que todo el mundo atribuye a estas
demostraciones, se funda tan sólo en que se conciben con
evidencia, según la regla antes dicha, advertí también que no
había nada en ellas que me asegurase de la existencia de su
objeto; pues, por ejemplo, yo veía bien que, si suponemos un
triángulo, es necesario que los tres ángulos sean iguales a dos
rectos; pero nada veía que me asegurase que en el mundo hay
triángulo alguno; en cambio, si volvía a examinar la idea
que yo tenía de un ser perfecto, encontraba que la existencia
está comprendida en ella del mismo modo que en la idea de un
triángulo está comprendido el que sus tres ángulos sean iguales
a dos rectos o, en la de una esfera, el que todas sus partes sean
igualmente distantes del centro, y hasta con más evidencia aún;
y que, por consiguiente, tan cierto es por lo menos, que Dios,
que es ese ser perfecto, es o existe, como lo pueda ser una
demostración de geometría.
|
-
El conocimiento de Dios no requiere de la experiencia. La
existencia de Dios está garantizada por esa relación de
dependencia de los humanos respecto a el.
-
Descartes empieza a vislumbrar una diferencia entre proposiciones
analíticas y sintéticas. La existencia de Dios puede ser
demostrada de un modo analítico y, por eso, es mucho más
evidente que la existencia de objetos sensibles.
-
Si suponemos un triángulo, podemos dudar de que, en realidad, ese
triángulo exista, sin embargo, si suponemos un triángulo no
podemos dudar de que la suma de sus ángulos es igual a la suma de
dos ángulos rectos.
|
Pero
si hay algunos que están persuadidos de que es difícil
conocer lo que sea Dios, y aun lo que sea el alma,
es porque no levantan nunca su espíritu por encima de las
cosas sensibles y están tan
acostumbrados
a considerarlo todo con la imaginación - que es un
modo de pensar particular para las cosas materiales -, que lo que
no es imaginable les parece ininteligible. Lo cual está bastante
manifiesto en la máxima que los mismos filósofos admiten como
verdadera en las escuelas, y que dice que nada hay en el
entendimiento que no haya estado antes en el sentido, en
donde, sin embargo, es cierto que nunca han estado las
ideas de Dios y del alma; y me parece que los que quieren
hacer uso de su imaginación para comprender esas ideas, son como
los que para oír los sonidos u oler los olores quisieran emplear
los ojos; y aun hay esta diferencia entre aquéllos y éstos:
que el sentido de la vista no nos asegura menos de la verdad de
sus objetos que el olfato y el oído de los suyos, mientras que ni
la imaginación ni los sentidos pueden asegurarnos nunca cosa
alguna, como no intervenga el entendimiento.
|
-
El conocimiento de Dios y del alma resulta difícil porque nos
hemos acostumbrado a pensar únicamente en la cosas sensibles.
Tanto
Dios como el alma no pueden ser conocidos a través de la
observación del mundo sensible, sino, que debemos realizar un
proceso introspectivo.
|
En
fin, si aun hay hombres a quienes las razones que he presentado
no han convencido bastante de la existencia de Dios y del
alma, quiero que sepan que todas las demás cosas que acaso
crean más seguras, como son que tienen un cuerpo, que hay astros,
y una tierra, y otras semejantes, son, sin embargo, menos ciertas;
pues, si bien tenemos una seguridad moral de esas cosas, tan
grande que parece que, a menos de ser un extravagante, no puede
nadie ponerlas en duda, sin embargo, cuando se trata de una
certidumbre metafísica, no se puede negar, a no ser perdiendo la
razón, que no sea bastante motivo, para no estar totalmente
seguro, el haber notado que podemos de la misma manera imaginar en
sueños que tenemos otro cuerpo y que vemos otros astros y otra
tierra, sin que ello sea así. Pues ¿cómo sabremos que los
pensamientos que se nos ocurren durante el sueño son falsos, y
que no lo son los que tenemos despiertos, si muchas veces sucede
que aquéllos no son menos vivos y expresos que éstos? Y por
mucho que estudien los mejores ingenios, no creo que puedan dar
ninguna razón bastante a levantar esa duda, como no presupongan
la existencia de Dios. Pues, en primer lugar, esa misma
regla que antes he tomado, a saber: que las cosas que
concebimos muy clara y distintamente son todas verdaderas; esa
misma regla recibe su certeza sólo de que Dios es o existe,
y de que es un ser perfecto, y de que todo lo que está en
nosotros proviene de él; de donde se sigue que, siendo nuestras
ideas o nociones, cuando son claras y distintas, cosas reales y
procedentes de Dios, no pueden por menos de ser también, en ese
respecto, verdaderas. De suerte que si tenemos con bastante
frecuencia ideas que encierran falsedad, es porque hay en ellas
algo confuso y oscuro, y en este respecto participan de la nada;
es decir, que si están así confusas en nosotros, es porque no
somos totalmente perfectos. Y es evidente que no hay menos
repugnancia en admitir que la falsedad o imperfección proceda
como tal de Dios mismo, que en admitir que la verdad o la
perfección procede de la nada. Mas si no supiéramos que todo
cuanto en nosotros es real y verdadero proviene de un ser perfecto
e infinito, entonces, por claras y distintas que nuestras ideas
fuesen, no habría razón alguna que nos asegurase que tienen la
perfección de ser verdaderas.
|
-
Descartes ofrece otro argumento para demostrar que Dios y el alma
son ideas más accesibles.
-
Nuestro conocimiento sensible no puede ofrecer la certeza que
ofrece una proposición analítica y concebimos de un modo
analítico la existencia de Dios y del alma.
-
Se trata de otra formulación del argumento cartesiano del sueño:
(1)Si
sé que estoy sentado en mi mesa escribiendo estas ideas. es
verdadera, entonces sé que la Hipótesis del sueño es falsa.
(2)
No sé que la Hipótesis del sueño es falsa.
(3)
No sé que estoy sentado en mi mesa escribiendo estas ideas. es
verdadera.
(4)
Debo suspender el juicio con respecto a si estoy sentado en mi
mesa escribiendo estas ideas.
|
Así,
pues, habiéndonos el conocimiento de Dios y del alma testimoniado
la certeza de esa regla, resulta bien fácil conocer que los
ensueños, que imaginamos dormidos, no deben, en manera
alguna, hacernos dudar de la verdad de los pensamientos que
tenemos despiertos. Pues si ocurriese que en sueño tuviera
una persona una idea muy clara y distinta, como por ejemplo,
que inventase un geómetra una demostración nueva, no sería ello
motivo para impedirle ser verdadera; y en cuanto al error más
corriente en muchos sueños, que consiste en representarnos varios
objetos del mismo modo como nos los representan los sentidos
exteriores, no debe importarnos que nos dé ocasión de desconfiar
de la verdad de esas tales ideas, porque también pueden los
sentidos engañarnos con frecuencia durante la vigilia, como los
que tienen ictericia lo ven todo amarillo, o como los astros y
otros cuerpos muy lejanos nos parecen mucho más pequeños de lo
que son. Pues, en último término, despiertos o dormidos, no
debemos dejarnos persuadir nunca sino por la evidencia de la
razón. Y nótese bien que digo de la razón, no de la
imaginación ni de los sentidos; como asimismo, porque veamos
el sol muy claramente, no debemos por ello juzgar que sea del
tamaño que le vemos; y muy bien podemos imaginar distintamente
una cabeza de león pegada al cuerpo de una cabra, sin que por eso
haya que concluir que en el mundo existe la quimera, pues la razón
no nos dice que lo que así vemos o imaginamos sea verdadero; pero
nos dice que todas nuestras ideas o nociones deben tener algún
fundamento de verdad; pues no fuera posible que Dios, que es todo
perfecto y verdadero, las pusiera sin eso en nosotros; y puesto
que nuestros razonamientos nunca son tan evidentes y tan enteros
cuando soñamos que cuando estamos despiertos, si bien a veces
nuestras imaginaciones son tan vivas y expresivas y hasta más en
el sueño que en la vigilia, por eso nos dice la razón, que, no
pudiendo ser verdaderos todos nuestros pensamientos, porque no
somos totalmente perfectos, deberá infaliblemente hallarse la
verdad más bien en los que pensemos estando despiertos, que en
los que tengamos estando dormidos.
|
-
La facultad que nos conduce a la verdad es la razón, no la
imaginación ni los sentidos. Estar dormidos o despiertos no es
relevante para la investigación de la verdad ya que puedo soñar
una nueva demostración geométrica.
|
- Descartes y la Metafísica: el cogito cartesiano
Descartes
asume la existencia de dos tipos de sustancia:
- Sustancia infinita (Dios), que es la sustancia por excelencia.
- Sustancia finita , que necesita de Dios para existir.
Al
concepto de sustancia, Descartes añade atributo y modo. El atributo
es la esencia de la sustancia. Asi, observamos dos atributos
principales en las sustancias finitas: la extensión (res extensa) y
el pensamiento (res cogitans). El modo hace referencia a la forma en
que se da ese atributo (los modos de la extensión serian los
sensibles comunes aristotélicos, es decir, el tamaño, forma,
volumen, etc.) mientras que el pensamiento tendría como modos, por
ejemplo, la duda.
Descartes
admite tres tipos de ideas:
2.Adventicias:
serian aquellas ideas que provienen de fuera, aquellas que formamos
a partir de la experiencia.
3. Facticias:
serían aquellas ideas que son construidas por nosotros, combinando
aspectos de las adventicias con las innatas.
Podemos
preguntarnos de dónde surge la idea de perfección. Para Descartes,
la idea de perfección no puede surgir de la experiencia ya que en
esta no percibimos nada perfecto. Tampoco es posible que esa idea
haya sido construido por un ser imperfecto. Por tanto, la idea de
perfección ha de ser innata y ha tenido que ser puesta por Dios.
Dios
funciona como un puente entre el yo y el mundo. Descartes atribuye a
Dios tres funciones esenciales:
2. Dios es el que conserva en la existencia al mundo y al yo. Dios se encarga de mantener en la existencia aquello que ha creado.
3. El
origen del movimiento está en Dios.
1. Mecanicismo:
el universo es una gran máquina regida por leyes. Todo queda
reducido a extensión y movimiento. Tres leyes:
3.2. La sustancia finita
La
concepción cartesiana de la naturaleza se caracteriza por:
1.1
Principio de inercia: cuando una parte de la materia ha comenzado a
moverse, no hay razón para pensar que dejará de hacerlo con la
misma fuerza, sino encuentra nada que retarde o detenga su
movimiento.
1.2.
Movimiento rectilineo: todo cuerpo que se mueve tiende a continuar
su movimiento en linea recta.
1.3.
Conservación del movimiento: si un cuerpo que se mueve se encuentra
con otro más fuerte que el, no peirde nada de su movimiento, y si
se encuentra a otro más débil que puede ser movido por el, pierde
tanto movimiento como transmita.
3. Privilegio
de las cualidades primarias sobre las secundarias: el nuevo
científico debe ignorar cualquier aspecto subjetivo. La nueva
Física debe centrarse en aquello objetivo de los cuerpos.
Podemos
afirmar que el objeto de la percepción cartesiana no son los objetos
físicos, de carácter externo, sino las representaciones mentales,
de carácter interno. Esto
es así porque los casos buenos (experiencias verídicas) son
indistinguibles de los casos malos
(experiencias engañosas, alucinaciones).
El yo cartesiano es representacionalista. El contenido de las
experiencias, con independencia de que sean verídicas o
alucinatorias, es una representación interna que media entre el
sujeto y el mundo. El contenido de mi percepción es una
representación, un estímulo.
Se
considera que un estimulo puede ser descrito como un tipo de presión
especifica que es producida por la aparición o desaparición de un
objeto sobre el alrededor del sujeto estimulado. Un estímulo
produce una im-presión (impressio;
"in-" hacia adentro,
"premere" presionar,
y "-sion" que indica la
acción)
que es consecuencia de la interacción de un objeto con el medio en
el que se encuentra el sujeto estimulado. Un estimulo permite
advertir la existencia de un agente que ha alterado el medio.
Esta
caracterización del estimulo requiere considerar una función de
transducción para cada uno de los sensores del sujeto. Una
transducción hace referencia a una operación que convierte un
estimulo en información especifica. Es decir, posibilita una
interpretación adecuada para las diferencias drásticas de presión,
conductividad eléctrica o térmica, etc., que se dan en el medio y
que pueden ser comprendidas como información especifica, sólo si
somos capaces de reconocer una correlación previa partiendo de esa
diferencia energética.
Este
modo de asimilar el estimulo (mediante transducción) implica asumir
un tipo de sensor específico para cada tipo de energía y que,
además, cada uno de estos sensores posee cierta capacidad
inferencial. Es decir, requiere comprender los sentidos no sólo como
sensores sino, también, como sensores-procesadores, como es el caso
del cerebro. Los sentidos no son más que extensiones cerebrales.


Hay
un gran número de fibras semejantes que empiezan a
separarse unas de otras desde la superficie interior del
cerebro de la máquina, donde toman su origen, y que, yendo
desde ahí a esparcirse por el resto de su cuerpo, actúan como
órgano para el sentido del tacto.
|
-
Descartes
advierte que el tacto carece de un órgano especifico, dicho de
otro modo, advierte que la piel no es el sensible propio del
tacto, como afirmaba Aristóteles, sino que el sensible propio del
tacto serian las propias ramificaciones del cerebro.
-
Una cosa es pensar que el tacto es la piel y otra muy diferente
pensar que estas fibras se extienden por toda la piel, por ser
esta el limite del cuerpo
|
si
se tira de varias de esas fibras a la vez y con la misma fuerza
harán sentir al alma que la superficie del cuerpo
que toca el miembro donde terminan es
lisa; y le harán sentir que es desigual si se tira
de ellas con distinta fuerza... según las otras
distintas maneras en que sean movidas, le harán sentir
todas las otras cualidades que pertenecen al tacto en
general, como la humedad, la sequedad, la pesadez y similares.
DESCARTES,
Tratado del hombre, tercera parte.
|
-
La percepción de un movimiento fibrilar y, por
lo tanto interno, advierte características externas por medio de
una correlación aprendida que es falible (los diferentes tipos de
movimientos fibrilares contienen información acerca de la
textura, temperatura, humedad, densidad, etc).
-El
tipo de presión ejercida sobre un conjunto de fibras produce
información codificada acerca de las propiedades del entorno.
-Se
puede considerar que se trata de una especie de concepción
mecánica del estimulo donde la percepción no es del estimulo
sino del cambio interno. Es cierto que el estimulo es la causa
del cambio en las fibras pero no percibimos el estimulo hasta
después de percibir el cambio internamente y, a partir de este
cambio interno postulamos que la causa para ese cambio ha sido
debido a un estimulo externo. Postulamos que la causa no puede ser
algo no externo.
-Este
tipo de percepción (introspectiva) requiere (1) conocer/suponer
que estas fibras están presentes en el cuerpo humano y (2) ser
capaz de reconocer el tipo de presión a la que estas fibras son
sometidas. La comprensión del estimulo requiere de un
conocimiento previo y de la capacidad para comprender
introspectivamente el tipo de presión especifica ejercida por un
fluido.
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